domingo, 24 de noviembre de 2013

Hecha a Mano

“Vivió una vez en la ciudad de Lyon, un anciano fabricante artesanal. Tenía una modesta tiendecita junto a los demás comercios de la calle, era amable y bondadoso, y todos le tenían en alto estima a él pero... pareciera que el mundo no estaba conforme con su trabajo.
  El artesano utilizaba materia prima de primera calidad: madera de pino que tallaba con cariño y dedicación, aceros inoxidables carentes de impurezas, cuerdas y sogas tan finas que parecían hechas con el cabello de los mismos ángeles mas... nadie reconocía su labor. En los largos años (muchos, en verdad) que llevaba trabajando en lo suyo, no había recibido ni una palabra de reconocimiento, de ánimo o de agradecimiento por parte de los usuarios de su producto. Nada.
  Un día en la taberna, se encontró con un viajero con el cual entabló una frugal amistad (por su personalidad natural al artesano le resultaba fácil conocer a otras personas). Tras un tiempo bebiendo juntos, acabó abriéndole su corazón.
- En verdad, estoy un poco cansado... aquellos para los que hago mi producto a mano nunca me agradecen nada, al contrario, casi me miran molestos y disgustados, les cuesta darle una oportunidad y no lo disfrutan. Mi trabajo y esfuerzo no son correspondidos, y eso para un artesano es lo peor que le puede ocurrir. Desagradecidos...
- Mi estimado y nuevo amigo- repuso el viajero-, sin ánimo de ofender, y asumiendo mi parte de ignorancia en este asunto, si algo he aprendido en mis múltiples andaduras a lo largo del mundo, es que la solución a los problemas no suele encontrarse exclusivamente en una parte del conflicto. Si con tu técnica no llegas, aunque te esmeres, a los corazones del resto, es posible que la causa no se encuentre sólo en sus pechos. Dime, buen artesano: ¿qué haces exactamente?
- Fabrico guillotinas.
- ...”

- ...y ésto, mamá, es más o menos lo que siento yo con tu comida.
  Tras la historia que le acaba de contar, la madre del chico le miró a la cara primero, luego al plato de sopa de algas que le había servido en la mesa y que él aún no había tocado. La mujer arqueó una ceja.
- Vale, hijo, lo he pillado.
- Genial.
- Esta noche no cenas.
- ...

FIN



Nota del autor: Dedicado a mi madre, inspiración constante, esmerada alma y mejor persona que cocinera.
Nota de mi madre: Esta noche no cena.