viernes, 20 de diciembre de 2013

Una Dichosa Navidad


La cuchilla cayó sobre la cara anterior de la muñeca de manera gélida, como los copos de nieve del exterior. Aún era de día, pero no en su corazón. Al chico no le costó localizar las venas, y ya tenía el filo a punto de surcar la piel cuando la ventana de su cuarto se abrió súbitamente.
- ¡Detente!- Una voz profunda y autoritaria, casi venerable, le interrumpió.
  Instantes después, una figura oronda y colorada entró volando en la habitación. Tenía una espesa barba blanca, mejillas globosas y sonrojadas y un característico gorro de gnomo acabado en una pompa de algodón blanca.
- ¿...Papá Noel?- preguntó el chico, extrañado.
- El mismo.
- ¿...y tus renos? Vienes volando tú.
- Se murieron el otro día.
- Oh.
- Gripe equina.
- Vaya. Lo siento.
- Tuve que sacrificar a Rudolf golpeándole con una pala en...
- Es suficiente.
- Escucha, chaval, he repasado tu historial, y no he visto que seas especialmente malo. Por eso he venido hoy aquí, para disuadirte de cometer una locura en Nochebuena.
- Te lo agradezco, pero tu ayuda llega un poco tarde. Mi novia me dejó hace meses y ahora está con otro: antes celebrábamos juntos la Navidad, y ahora mismo estará fornicando con él. Ligué en la disco hace poco, pero ni siquiera la llamé luego. He descubierto que no me interesa otra persona, lo cual concuerda con que no me guste mucho la gente, ya que me parece que el egoísmo es aún el primer mal del mundo, emparejado con la crueldad. No tengo amigos, ni nadie que me ayude, lo cual no me importaría si por lo menos fuera feliz. Pero, como no, pues me quito la vida y en paz. Ahora sólo me queda vencer este temblor de manos que me impide utilizar bien la cuchilla... en las pelis es más fácil, y ya si encima hay que cortarlas a lo largo, que es lo correcto...
  El muchacho volvió a colocar el filo con pulso trémulo.
- ¡Paraparapara!- insistió Papá Noel-. Te doy una oportunidad única, muchacho: te concederé en vivo el regalo que desees, a ver si así remontamos el vuelvo un poco, campeón. Dime, ¿hay alguna cosa que quieras?
- No. Ahora mismo no. No se me ocurre.
- Piensa.
- No sé... ¿la paz en el mundo?
- No puedo hacer eso. Soy Papá Noel, no Superman.
- Me decepcionas, Santa...
- ¡Tu puta madre!
- ...
- Perdona, es que odio que me llamen eso. ¿Sabes que “Santa” es femenino, y “San” masculino?
- Nunca me lo había planteado así.
- Bueno, es igual. Mi respuesta ha sido exagerada.- Papá Noel puso un segundo los ojos en blanco, pensativo-. Mira, en lugar de lo del regalo, haremos otra cosa: yo me daré una vuelta por los hogares y te traeré motivos para confiar de nuevo en la Navidad y la vida. No tardo nada. Espérame.- El hombre abrió la ventana. Ya tenía medio cuerpo en el exterior, cuando volvió la cabeza un momento-. Con las venas intactas.
  El chico asintió. Papá Noel cogió impulso y se alejó volando. 

La primera parada llevó al rojo personaje a la Calle Mayor de Madrid. Cientos de personas realizaban sus compras navideñas de última hora, embriagados por los puestos, el aroma a castañas y los anuncios de el Corte Inglés. Allí, secuestró a un joven en vaqueros y camisa rosa y le apartó lejos de la muchedumbre.
- Dime, chico, ¿te gusta la Navidad?
- ¡Pues claro! Es una época muy familiar y bonita.
- Me alegro, me alegro... cuéntame, ¿qué es lo que más te gusta?
- Pues que es una oportunidad para quedar con gente y celebrar algo importante todos juntos. Compañerismo, familia... ¡todo queda representado! Lo único malo, son los regalos.
  Papá Noel tenía bastante material, pero por si acaso siguió indagando.
- ¿Y eso? Explícate.
 - Pues verás, todos los años te tienes que romper la cabeza y gastarte un pastizal para hacer un buen regalo.
- Hm... ¿y no hay manera de hacerlo todo más barato? ¿Más íntimo?
- Para nada... si no das algo caro, quedas fatal, "súper-cutre". Una colonia, un polo de marca... yo a mi novia le regalé un collar el año pasado, pero éste... creo que paso. Ya me he gastado mazo, y no es que me sobre el dinero.
- Entonces, ¿qué harás con ella?
- Pues no hay otra solución más que romper. Es la época perfecta: así se puede buscar a otro en la fiesta de Nochevieja. Además, una chica de mi empresa me mira con unos ojitos... que vamos, este año nuevo, empezaré de estreno, jajaja.
  Papá Noel le miró contrariado.
- Ahora tengo que irme, que le voy a echar el de despedida. Jajajá. Suerte con su encuesta y feliz Navidad.
  El hombre se marchó, dejando tras de sí un amargo sabor de boca.

La segunda parada del viejo fue en una casita humilde de madera. Bajo el muérdago, un padre, una madre y su hijo, se habían adelantado al momento indicado y abrían los regalos que resguardaba el árbol.
  Entonces, Papá Noel irrumpió por la ventana.
- Buenas noches. Por favor, no se asusten por mi entrada, sólo quiero conversar con ustedes.
- No nos asustamos- se apresuró a explicar la madre-. El año pasado nos asaltaron los Reyes Magos.
- Mis archienemigos...- dijo Santa Claus con el puño apretado.
- ¿Qué se le ofrece, buen hombre?- preguntó el padre.
- Verán, es que este año ando haciendo algo nuevo por los demás, una encuesta. ¿Podrían explicarme qué es lo que más les gusta de la navidad?
  Los progenitores guardaron silencio un rato. Finalmente, tras mirarse unos instantes, entonaron a coro la respuesta.
- Los regalos.
- ¡¿Qué?!- se extrañó el hombre mágico.
- Ha oído bien, son los regalos- explicó la madre, que conforme veía la reacción que provocaba, se dio cuenta de que se requería de ella una explicación más detallada-. Pero por favor, no me malinterprete, no estoy hablando de su vertiente más consumista y degradada... me refiero al placer de tener un detalle, de regalar ilusión y otras cosas. El abrazo de agradecimiento de la familia, el sentimiento suscitado de recibir algo que no se esperaba, la sonrisa de un niño...- La mujer se volvió al crío-. ¿Verdad, "cielín"?
  El niño no respondió. Es más, apenas se había dado cuenta de la presencia de Papá Noel. Él sólo miraba sus regalos ávido, como un chacal ante un conejo herido. Sin embargo, al gordo personaje le complació la respuesta.
- Gracias, muy amables. No les robo más tiempo, por favor, dispénsenme. Dejad que el chaval abra sus regalos, yo me marcho. Feliz Navidad.
- ¡FELIZ NAVIDAD!- respondieron los padres a coro.
  Ya se estaba marchando el santo, cuando escuchó un grito enconado a su espalda.
- ¿QUÉ... ES... ESTO?
  El niño sujetaba un objeto de madera en sus manos.
- Una pistola para disparar gomas- explicó el padre-. De cuando yo era pequeño. Tu abuelo me la regaló, era mi juguete favorito. Ven, te enseño a cargarla.
- ¡NO QUIERO CARGARLA! ¡QUIERO UN "AYFON TACH"!- El niño tiró el juguete contra la pared.
- Pero cariño...- intervino la madre-. Este año estamos mal. La crisis...
- ¡TODOS MIS AMIGOS TIENEN UNO! ¡¡¡QUIERO UN "AYFON TACH"!!! ¡AAAAAAGHGHBLABLABLABLUBLULLELELELELELLEELELELHDHDHDUJKSKAGHHHHH...!- El niño empezó a echar espuma por la boca.
- Está bien, calma, haya paz- intervino el padre-. Te compraremos el "ayfon tach". Sólo habrá que apretarse un poco el cinturón...
- ¡Me habéis arruinado la navidad!
  El niño se fue corriendo a su cuarto enrabietado.
  Papá Noel quedó perplejo en el umbral de la ventana. De repente, los padres giraron la cabeza hacia él de manera cérea, como maniquíes o máquinas mal engrasadas. En su cara, reinaba una sonrisa maníaca y unos ojos desorbitados de autómata.
- ¿No se iba?- preguntó la madre. Su párpado derecho empezó a temblar.
- ...un placer.
  Papá Noel se tiró desde la ventana.

El santo gordo fue entonces a visitar a un anciano en su residencia. Se lo encontró en una silla plegable frente al televisor, solitario y rodeado de ese olor a enfermedad y orines tan característico de esos lugares.
- Todos mis amigos están muertos, nadie quiere venir a verme, me duelen hasta las cejas...
  Papá Noel se fue antes de intentarlo.

3:00 de la mañana. En la tele, los rancios especiales navideños aún retumbaban en el salón.
- Recordad amigos, que esta noche sincera es para disfrutarla, amarse los unos a los otros y ser felices...
  El chico suspiró. Miró la mano de su cuchilla, que era la que llevaba el reloj. Volvió a suspirar.
  De repente, la ventana se abrió de nuevo. Papá Noel entró.
- Perdón por la espera.- Y antes de dar tiempo a la respuesta, le tendió un regalo bien envuelto en su caja-. Toma.
  El chico miró a Papá Noel de arriba abajo. El anciano sonrió con sinceridad ante la mueca de contrariedad del joven.
- Ábrelo- le indicó cariñosamente.
  Tras una leve reticencia, el chico aceptó. Cuando vio lo que guardaba la caja, él también mostró una sonrisa.
- Muchas gracias... de verdad...- Las lágrimas empezaron a brotar.
- Sabía que te gustaría.
  El chico asintió. Luego, sacó la pistola y comprobó el cargador. Estaba lleno.
- Has pensado en todo- dijo el joven, colocándose el cañón dentro de la boca.
- Ten cuidado. Después voy yo.
  El chico asintió.
- Vgalef.
  Los villancicos sonaban a través del televisor.
- Eeeeeeeellllll, camiiiiiiiiinooooo que lllllleva aaa....
  ¡¡¡¡BANG!!!!

FIN




- Últimas noticias: recientemente se ha hallado el cadáver de un joven en el pantano. Los informes apunta a que, tras una acalorada discusión con su novia, salió del domicilio, y poco después fue estrangulado con lo que los expertos forenses creen que fue un cinturón talla XXL.
  ...más asuntos: un niño de 9 años ha sido hoy hospitalizado. El joven encontró debajo de su cama esta mañana un regalo. Al abrirlo, la cobra que esperaba dentro le dio quince mordiscos repartidos entre brazos, pecho y axilas. El pronóstico es regulero.
  En otro orden de cosas, hoy se ha registrado el trigésimo octavo suicidio navideño de este año, esta vez en una residencia de ancianos. Estos datos son desoladores, pero en nada comparables a lo que se esperan sean las cifras de Nochevieja.
  Y así concluimos nuestro avance. El equipo y un humilde servidor les deseamos una agradable velada, que no se pasen con la comida y una feliz navidad a los que la merezcan...

domingo, 8 de diciembre de 2013

Margo, el Genio Cabrón III: Especial Navidad.

Se acercaba una fecha tenazmente señalada: la Navidad, y nuestro carismático y psicopático genio tenía unos planes especiales.
- Esta época es dichosa, me apetece hacer algo novedoso- pensó Margo, pues hasta él tenía su corazoncito-. Embaucaré a un ser humano honrado y le pervertiré hasta destruirle.-...pero negro y retorcido.
  Con la intención de perpetrar su fin, buscó entre las almas de las personas alguna buena, pura y sana. Un tiempo largo le llevó, pero finalmente encontró a alguien de tan singular corazón: Juan Sincance se llamaba, y era alegre y bondadoso. Le tocó la lotería una vez, y todo lo que ganó lo invirtió en ONGs; se implicaba con cada causa que le rodeaba, entraba como voluntario a hogares de acogida y recogía la basura que otros tiraban; de cuánto dinero ganaba, empleaba el que no usaba en comer y sobrevivir para los más necesitados.
  Margo no dudó y se presentó ante él con gran premura.
- Saludos, joven amo. Soy el genio Margo, y le concederé un deseo. Cualquier cosa que quiera, sin impedimentos: fama, poder... algún capricho, por egoísta que sea, será satisfecho.
- Pero yo no tengo egoístas deseos- repuso el chico-. Siempre me he dicho a mí mismo que era buena persona...
- Si un hombre tiene que decirse qué es, es que no lo tiene muy claro- replicó Margo.
  Aquellas palabras despertaron en Juan una oleada de sentimientos. Del dinero podía prescindir por los demás, como había demostrado, pero... ¿y aquellas cosas que no se podían comprar? Por su mente desfilaron una oleada de ideas ambiciosas:  la inmortalidad, encontrar el amor de su vida, un ejército de gatos para dominar el mundo... todo a sus pies. Pero, justo cuando prácticamente tenía tomada la decisión, su boca se movió con la costumbre de una vida altruista.
- Es verdad, no lo tengo claro. Siento anhelos, avaricia y egoísmo en mi pecho. Pero no importa, porque un hombre no se define por lo que es, sino por lo que hace. Gracias, genio, gracias por haberme enseñado esta lección tan valiosa.- Y antes de dar la oportunidad de que le interrumpiera, prosiguió-. Deseo que se elimine todo rastro de maldad sobre la faz de la tierra.
  Margo, que no era ningún santo (ni ningún no asesino maníaco enfermo de maldad) le miró contrariado, ¿podría ese mocoso haberle derrotado? Rabia e ira le recorrieron al momento... aquel debía ser el fin de su divertimento... ¿o no?
  Tras pensarlo, el genio esbozó una pérfida sonrisa.
- Sea pues, como habéis ordenado.
  Margo desapareció tras un chasquido. Pero aquel hechizo no sólo afectó al genio, como Juan pudo después comprobar: sus padres y hermanos, amigos y allegados, políticos (esos los primeros), tiernos lactantes que ya tiraban de la cola a su perro o maliciosos payasos (esos los segundos), todos fueron eliminados. Finalmente, nadie quedó en el mundo excepto Juan Sincance.
  El chico se dio cuenta enseguida de lo que había provocado. La maldad es algo que no está en la naturaleza, algo que nosotros hemos creado. No hay persona sin la potencialidad de no obrar neutro... y nadie que no haya hecho algo malo.
  Juan paseó por el lugar desierto. Triste, tendría que resignarse a una vida de aislamiento. 

Su andadura llevo al chico a una cálida hierba donde se sentó abatido. El verde acariciaba su cuerpo, y ya estaba dejando que sus pensamientos sobre lo que había hecho se mecieran con el viento, cuando descubrió un cartel clavado en tierra a pocos pasos.
- Oh, oh...
  Juan desapareció tras un chasquido.
  Nada quedó en aquel lugar, excepto el aviso: prohibido pisar el césped.

Días después, desde Marte, Margo estaba aburrido. Destruir a toda la humanidad tenía su inconveniente después de todo: ya no había nadie a quien torturar.
  Cansado de su hastío, decidió crear un nuevo planeta y poblarlo con la gente que había hecho desaparecer de la tierra. Lo llamó: "el mundos". 
  Así, el orden de lo que debía ser se restableció y la maldad, finalmente, volvió...
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    ... a Juan le resucitó con cáncer.

FIN