domingo, 8 de diciembre de 2013

Margo, el Genio Cabrón III: Especial Navidad.

Se acercaba una fecha tenazmente señalada: la Navidad, y nuestro carismático y psicopático genio tenía unos planes especiales.
- Esta época es dichosa, me apetece hacer algo novedoso- pensó Margo, pues hasta él tenía su corazoncito-. Embaucaré a un ser humano honrado y le pervertiré hasta destruirle.-...pero negro y retorcido.
  Con la intención de perpetrar su fin, buscó entre las almas de las personas alguna buena, pura y sana. Un tiempo largo le llevó, pero finalmente encontró a alguien de tan singular corazón: Juan Sincance se llamaba, y era alegre y bondadoso. Le tocó la lotería una vez, y todo lo que ganó lo invirtió en ONGs; se implicaba con cada causa que le rodeaba, entraba como voluntario a hogares de acogida y recogía la basura que otros tiraban; de cuánto dinero ganaba, empleaba el que no usaba en comer y sobrevivir para los más necesitados.
  Margo no dudó y se presentó ante él con gran premura.
- Saludos, joven amo. Soy el genio Margo, y le concederé un deseo. Cualquier cosa que quiera, sin impedimentos: fama, poder... algún capricho, por egoísta que sea, será satisfecho.
- Pero yo no tengo egoístas deseos- repuso el chico-. Siempre me he dicho a mí mismo que era buena persona...
- Si un hombre tiene que decirse qué es, es que no lo tiene muy claro- replicó Margo.
  Aquellas palabras despertaron en Juan una oleada de sentimientos. Del dinero podía prescindir por los demás, como había demostrado, pero... ¿y aquellas cosas que no se podían comprar? Por su mente desfilaron una oleada de ideas ambiciosas:  la inmortalidad, encontrar el amor de su vida, un ejército de gatos para dominar el mundo... todo a sus pies. Pero, justo cuando prácticamente tenía tomada la decisión, su boca se movió con la costumbre de una vida altruista.
- Es verdad, no lo tengo claro. Siento anhelos, avaricia y egoísmo en mi pecho. Pero no importa, porque un hombre no se define por lo que es, sino por lo que hace. Gracias, genio, gracias por haberme enseñado esta lección tan valiosa.- Y antes de dar la oportunidad de que le interrumpiera, prosiguió-. Deseo que se elimine todo rastro de maldad sobre la faz de la tierra.
  Margo, que no era ningún santo (ni ningún no asesino maníaco enfermo de maldad) le miró contrariado, ¿podría ese mocoso haberle derrotado? Rabia e ira le recorrieron al momento... aquel debía ser el fin de su divertimento... ¿o no?
  Tras pensarlo, el genio esbozó una pérfida sonrisa.
- Sea pues, como habéis ordenado.
  Margo desapareció tras un chasquido. Pero aquel hechizo no sólo afectó al genio, como Juan pudo después comprobar: sus padres y hermanos, amigos y allegados, políticos (esos los primeros), tiernos lactantes que ya tiraban de la cola a su perro o maliciosos payasos (esos los segundos), todos fueron eliminados. Finalmente, nadie quedó en el mundo excepto Juan Sincance.
  El chico se dio cuenta enseguida de lo que había provocado. La maldad es algo que no está en la naturaleza, algo que nosotros hemos creado. No hay persona sin la potencialidad de no obrar neutro... y nadie que no haya hecho algo malo.
  Juan paseó por el lugar desierto. Triste, tendría que resignarse a una vida de aislamiento. 

Su andadura llevo al chico a una cálida hierba donde se sentó abatido. El verde acariciaba su cuerpo, y ya estaba dejando que sus pensamientos sobre lo que había hecho se mecieran con el viento, cuando descubrió un cartel clavado en tierra a pocos pasos.
- Oh, oh...
  Juan desapareció tras un chasquido.
  Nada quedó en aquel lugar, excepto el aviso: prohibido pisar el césped.

Días después, desde Marte, Margo estaba aburrido. Destruir a toda la humanidad tenía su inconveniente después de todo: ya no había nadie a quien torturar.
  Cansado de su hastío, decidió crear un nuevo planeta y poblarlo con la gente que había hecho desaparecer de la tierra. Lo llamó: "el mundos". 
  Así, el orden de lo que debía ser se restableció y la maldad, finalmente, volvió...
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    ... a Juan le resucitó con cáncer.

FIN

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