- Esta época es dichosa, me apetece hacer algo novedoso-
pensó Margo, pues hasta él tenía su corazoncito-. Embaucaré a un ser humano honrado y
le pervertiré hasta destruirle.-...pero negro y retorcido.
Con la intención de
perpetrar su fin, buscó entre las almas de las personas alguna buena, pura y
sana. Un tiempo largo le llevó, pero finalmente encontró a alguien de tan
singular corazón: Juan Sincance se llamaba, y era alegre y bondadoso. Le tocó
la lotería una vez, y todo lo que ganó lo invirtió en ONGs; se implicaba con
cada causa que le rodeaba, entraba como voluntario a hogares de acogida y
recogía la basura que otros tiraban; de cuánto dinero ganaba, empleaba el que
no usaba en comer y sobrevivir para los más necesitados.
Margo no dudó y se
presentó ante él con gran premura.
- Saludos, joven amo. Soy el genio Margo, y le concederé un
deseo. Cualquier cosa que quiera, sin impedimentos: fama, poder... algún
capricho, por egoísta que sea, será satisfecho.
- Pero yo no tengo egoístas deseos- repuso el chico-. Siempre me he dicho a mí mismo que era buena persona...
- Si un hombre tiene que decirse qué es, es que no lo tiene
muy claro- replicó Margo.
Aquellas palabras
despertaron en Juan una oleada de sentimientos. Del dinero podía prescindir por
los demás, como había demostrado, pero... ¿y aquellas cosas que no se podían comprar? Por su mente
desfilaron una oleada de ideas ambiciosas:
la inmortalidad, encontrar el amor de su vida, un ejército de gatos para
dominar el mundo... todo a sus pies. Pero, justo cuando prácticamente tenía
tomada la decisión, su boca se movió con la costumbre de una vida altruista.
- Es verdad, no lo tengo claro. Siento anhelos, avaricia y egoísmo
en mi pecho. Pero no importa, porque un hombre no se define por lo que es, sino
por lo que hace. Gracias, genio, gracias por haberme enseñado esta lección tan
valiosa.- Y antes de dar la oportunidad de que le interrumpiera, prosiguió-.
Deseo que se elimine todo rastro de maldad sobre la faz de la tierra.
Margo, que no era ningún santo (ni ningún no asesino maníaco enfermo de maldad) le miró
contrariado, ¿podría ese mocoso haberle derrotado? Rabia e ira le recorrieron
al momento... aquel debía ser el fin de su divertimento... ¿o no?
Tras pensarlo, el
genio esbozó una pérfida sonrisa.
- Sea pues, como habéis ordenado.
Margo desapareció
tras un chasquido. Pero aquel hechizo no sólo afectó al genio, como Juan pudo
después comprobar: sus padres y hermanos, amigos y allegados, políticos (esos
los primeros), tiernos lactantes que ya tiraban de la cola a su perro o
maliciosos payasos (esos los segundos), todos fueron eliminados. Finalmente, nadie quedó en el mundo
excepto Juan Sincance.
El chico se dio
cuenta enseguida de lo que había provocado. La maldad es algo que no está en la
naturaleza, algo que nosotros hemos creado. No hay persona sin la potencialidad
de no obrar neutro... y nadie que no haya hecho algo malo.
Juan paseó por el
lugar desierto. Triste, tendría que resignarse a una vida de aislamiento.
Su
andadura llevo al chico a una cálida hierba donde se sentó abatido. El verde
acariciaba su cuerpo, y ya estaba dejando que sus pensamientos sobre lo que
había hecho se mecieran con el viento, cuando descubrió un cartel clavado en
tierra a pocos pasos.
- Oh, oh...
Juan desapareció tras
un chasquido.
Nada quedó en
aquel lugar, excepto el aviso: prohibido pisar el césped.
Días después, desde Marte, Margo estaba aburrido. Destruir a
toda la humanidad tenía su inconveniente después de todo: ya no había nadie a
quien torturar.
Cansado de su
hastío, decidió crear un nuevo planeta y poblarlo con la gente que había hecho
desaparecer de la tierra. Lo llamó: "el mundos".
Así, el orden de lo que debía ser se restableció y
la maldad, finalmente, volvió...
.
.
.
... a Juan le
resucitó con cáncer.
FIN
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