domingo, 30 de noviembre de 2014

Batiburrillo de Pensamientos Aleatorios Sobre el Estrés (versión poema)

 Puede que alguien saque algo bonito de esto. Puede que no. 

“Prisa, ánimo, fusta que azota la desgana.
Lenguas que tiran de mi cuerpo
en direcciones contrarias,
anguilas venenosas que me aprietan las tripas,
pero ahí no cesan,
sino que suben y reptan
por mi abdomen, hasta estrangular los pulmones,
hasta lamer los bronquios y quitarme el aire
y la vida.
El enemigo ya está dentro. Siempre lo ha estado.
El sudor, el frío, la niebla del vaho de mi aliento condensada
en los cristales de esta cárcel que apenas merezco,
que apenas me atrapa,
que apenas quiero...”

Las sonrisas de la gente no son más que calabazas
para sus ojos de enfermo, de diablo,
vacías piras, ojos huecos que no dicen nada
y brillan con la llama ajena, artificial,
que otros meten en sus cabezas
para que mantengan un aspecto de misterio, de inexpugnable intimidad
que en realidad no sienten ni aman.
Agua fría y cuerpos calientes y sudorosos
para calmar su carencia de llama.

“Atrápame, mano gélida, si puedes.
De desesperanza, de fin, de acabar por y con,
de destino triste y sin sabor,
ni alegría, y monotonía.”
De ser algo que no quieres, haciendo algo que no quieres,
en un lugar que no te apetece.
“Corre tras de mí,
rápido como el veneno de mis anguilas, pues
lo que veo en el horizonte no es depresión ni muerte temprana,
ya no, es esperanza,
reto, mito y luz, lejos de este oscuro vacío,
donde perviven las historias, donde no hay realidad,
donde sólo vale lo que tienes por demostrar,
en tu interior.”

Como la electricidad de las anguilas,
como la masa gris y rosácea de tu cabeza,
como la magia, y la muerte, y la vida,
y las cosas que no se explican, se sueñan
y las alas de un ángel que susurra al oído
“esto no es lo que quieres, así que vuela”.

-¿Por qué sufres?- preguntas-.
No es baladí.
Te respondo:
“Así es como he elegido vivir”.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Gag IV: Professional Secrecy in Danger

Trigo Grunxón practicaba la típica política de ir "de trankis” por la vida: se tomaba las cosas con calma y sin pensarlas demasiado, se fumaba los problemas y se adhería a su tribu urbana como un herpes a un labio.
  Un día, hablaba con un amig... ah no, que no tenía de eso: un médico al que conoció cuando le trató de hemorroides, en una cafetería.
- ...y ese es el problema: el muy cabrón no quiere decirle a su esposa que contrajo SIDA con aquella prostituta para no poner en riesgo su matrimonio y su carrera profesional. Ahora debo escoger entre callármelo a pesar de poner en peligro la vida de la mujer, o confesarlo y romper el secreto profesional, en cuyo caso iría a la cárcel y él, como senador, me haría la vida imposible.
  Trigo repasó el caso analíticamente, mientras las moscas picoteaban la roña de su cabeza.
- Tengo la solución- dijo, colocando la mano en el hombro del médico-. Tú “de trankis”, que me ocupo yo.
- ...vale pero no me toques.

Días después, Trigo Grunxón volvió a su apartamento de mala muerte tras haber estado todo el día fumando marihuana en un parque, cuando encontró al médico en el salón. Su ropa estaba destartalada, su pelo sucio y deslucido y la locura descomponía su rostro.
- ¡Ey!- saludó Trigo, afable.
- ¡Me van a detener por quebrantar el secreto profesional!- se quejó el hombre-. ¡¿Le escribiste una carta a la mujer diciéndole lo de su marido?!
- ...pero la carta era anónima.
- ¡Y tú gilipollas! ¡¿Quién más iba a saber lo del SIDA salvo yo? ¿eh?!
- Reconozco que quizás me equivoqué...
- Que quizás te... ¡QUE QUIZÁS TE EQUIVOCASTE! Voy a ir a la cárcel, saco de mierda. Mi carrera, mi familia, mi vida arruinadas... el senador se encargará de que me maten ahí dentro, estoy seguro...
- Bueno tío, “tranki”...
- Pero no caeré solo.
  El hombre sacó la mano del bolsillo de su gabardina, apuntando a Trigo con un revolver.
  El chico analizó el arma con sus ojos de huevo un instante y después giró su cuerpo noventa grados, hacia una pared.
- Y esto ha sido todo en: “Bromas Varias”, tu programa de bromas de cámara oculta.
  El médico arqueó una ceja, sin apartar el arma. Trigo volvió a mirarle. Luego, levantó los hombros.
- Por si colaba.
  El doctor cargó la pistola. Trigo empezó a lloriquear.
- Es que... snif, snif... es que... snif... es que soy idio...

  BANG. BANG. BANG, BANG... BANG. ¡BANG!



FIN