Trigo Grunxón practicaba la típica política de ir "de trankis”
por la vida: se tomaba las cosas con calma y sin pensarlas demasiado,
se fumaba los problemas y se adhería a su tribu urbana como un
herpes a un labio.
Un día, hablaba con un amig... ah no, que no tenía de eso: un
médico al que conoció cuando le trató de hemorroides, en una
cafetería.
- ...y ese es el problema: el muy cabrón no quiere decirle a su
esposa que contrajo SIDA con aquella prostituta para no poner en
riesgo su matrimonio y su carrera profesional. Ahora debo escoger
entre callármelo a pesar de poner en peligro la vida de la mujer, o
confesarlo y romper el secreto profesional, en cuyo caso iría a la
cárcel y él, como senador, me haría la vida imposible.
Trigo repasó el caso analíticamente, mientras las moscas
picoteaban la roña de su cabeza.
- Tengo la solución- dijo, colocando la mano en el hombro del
médico-. Tú “de trankis”, que me ocupo yo.
- ...vale pero no me toques.
Días después, Trigo Grunxón volvió a su apartamento de mala
muerte tras haber estado todo el día fumando marihuana en un parque,
cuando encontró al médico en el salón. Su ropa estaba
destartalada, su pelo sucio y deslucido y la locura descomponía su
rostro.
- ¡Ey!- saludó Trigo, afable.
- ¡Me van a detener por quebrantar el secreto profesional!- se quejó
el hombre-. ¡¿Le escribiste una carta a la mujer diciéndole lo de
su marido?!
- ...pero la carta era anónima.
- ¡Y tú gilipollas! ¡¿Quién más iba a saber lo del SIDA salvo
yo? ¿eh?!
- Reconozco que quizás me equivoqué...
- Que quizás te... ¡QUE QUIZÁS TE EQUIVOCASTE! Voy a ir a la
cárcel, saco de mierda. Mi carrera, mi familia, mi vida
arruinadas... el senador se encargará de que me maten ahí dentro,
estoy seguro...
- Bueno tío, “tranki”...
- Pero no caeré solo.
El hombre sacó la mano del bolsillo de su gabardina, apuntando a
Trigo con un revolver.
El chico analizó el arma con sus ojos de huevo un instante y después giró su cuerpo noventa grados, hacia una pared.
- Y esto ha sido todo en: “Bromas Varias”, tu programa de bromas
de cámara oculta.
El médico arqueó una ceja, sin apartar el arma. Trigo volvió a
mirarle. Luego, levantó los hombros.
- Por si colaba.
El doctor cargó la pistola. Trigo empezó a lloriquear.
- Es que... snif, snif... es que... snif... es que soy idio...
BANG. BANG. BANG, BANG... BANG. ¡BANG!
FIN
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