-…entonces, fue cuando lo comprendí. El amor no es como una
ola, que arrasa con todo y se lo lleva a su paso; el amor a veces es una fina
corriente, liviana, tenue, casi imperceptible para nuestros ojos, pero
constante, que poco a poco logra introducirse entre las rocas de tus cimientos
para cambiar por completo los pilares de tu mundo. Y así fue como, después de FOLLARME
literalmente a media Nueva York, finalmente conocí a vuestra madre.
Los niños le miran con una mueca desencajada, la piel
ruborizada y los ojos pesarosos.
- ¿Mamá sabe algo de esto?- pregunta la hija.
- Nunca lo hemos comentado. Supongo que no se ha dado la
ocasión.
- Pero sin embargo a nosotros nos has estado obligando a
escuchar una hora diaria de tus historias sexuales durante meses- interviene el
hijo con voz trémula.
- Jajá, es que desde que me diagnosticaron SIDA tengo mucho tiempo
libre.
Mientras el chico trata de contener las lágrimas, la niña
toma una profunda bocanada de aire antes de continuar:
- Mira papá, desde
que empezó tu historia, nuestras notas se han estado resintiendo, nos hemos
distanciado de nuestro grupo de amigos y sólo Dios sabe cómo todo ésto habrá
podido influir en nuestras futuras relaciones personales. Aunque ha sido duro, te hemos dejado
acabar, por respeto y debido a tu precaria situación, pero se acabó.
- ¿A qué te refieres?
- La psicóloga del colegio nos ha dicho que no volvamos a
hablar contigo nunca más y quiere avisar a asuntos sociales.
Ted baja la vista. Durante unos instantes, su gesto refleja vergüenza y contrariedad, como un portero que acaba de recibir un gol entre las piernas. Sin embargo, de repente, una imagen cruza su cabeza de manera fugaz, alza
el rostro y devuelve una mirada serena a sus hijos.
- A esa también me la tiré.
(RISAS ENLATADAS)
(RISAS ENLATADAS)
FIN ALTERNATIVO
No hay comentarios:
Publicar un comentario