Estaba una pareja haciendo el amor con pasión, y la chica
no paraba de chillar estrepitosamente. En un momento dado, él la escupió y le
dijo:
- ¡Ahí tienes tu pezón, histérica!
Ella cogió el cacho
de carne de su mejilla y lo elevó ante sus ojos.
- ¡Es el tuyo, maldito loco!- gritó desesperada.
El chico bajó la
mirada hacia su pecho ensangrentado, posándola sobre el mismo lugar en el que
las toscas marcas de un cuchillo hendían la carne en una generosa herida donde antes había estado la areola de su mama izquierda. Entonces, empezó a pensar: ¿y si
aquella exuberante joven a la cual acababa de conocer en e-darlung tenía razón? ¿y
si la guerra le había cambiado? ¿y si tanto lo que le dijo su jefe de pelotón
antes de que se comiera su pierna, como lo que oyó de labios de su madre cuando
la tiró por las escaleras fuera cierto? ¿y si era verdad que estaba loco?
- Tú ni caso. Quieren confundirte para que no cumplas tu
misión divina- oyó que le decía Piriti, el ángel dorado que siempre le
acompañaba y que sólo él veía.
- Es verdad- dijo el chico-. He de acabar lo que el Señor me ha encomendado.
Mientras tanto, la
chica mantenía esa mueca pavorosa, cada vez más aterrada.
- ¡¿Ahora hablas solo?! Diría que me estás asustando, pero
claro, eso ya era muy difícil...- articuló ella, sin apartar la vista de la
sanguinolenta herida.
Él la miró con ojos
vacuos.
- Me he quedado con tu cara.
Acto seguido, sacó
un machete de la colcha.
Los transeúntes caminaban en el exterior, cuando gritos más esmerados
orquestaron la noche.
Y la moraleja es clara: NO en la primera cita.
FIN
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