lunes, 14 de abril de 2014

Carta al Lobo Voraz


Te conozco, maldito, tan bien como un padre puede conocer a su hijo.
  Vives en el corazón de un oscuro y avieso bosque, lobo voraz. Tu hogar se encuentra entre las ramas retorcidas de árboles que crecieron de semillas podridas, tierra muerta en la que sólo el veneno crece y follaje tan denso que el sol apenas tocó nunca tu pelaje. Alimaña miserable, por piedad, ojalá te hubieras muerto. Ojalá no me mordieras más.

Sé cómo actúas, monstruo. Desde tu casa aguardas en las sombras agazapado, vislumbrando guarecido como la vida de los demás seres se desarrolla silencioso, esperando el momento propicio para saciar tu apetito desatado y furioso. Sales cada día insulso, cuando más duelen los recuerdos y las noches en que dormir no se puede, dispuesto a perpetrar tu cacería, mas tus presas no son peces, mamíferos o aves, sino que prefieres platos más amargos y etéreos. Siempre hambriento, anhelante de atiborrarte, lo que te sacia de veras son canciones tristes, días grises sin sol, el llanto de la inocencia, decepciones y cartas de amor jamás escritas o, plato aún más preferido, rotas y arrastradas lejos por el viento... ¡Ay! Lobo deleznable.. pero tu hambre no es en absoluto normal, pues cuanto más comes, más ávido estás...

Tras alimentarte, en un ciclo tan cruel como masoquista, la saliva cae de tus fauces al suelo y forma un charco entre tus patas que crece y crece hasta que el bosque se inunda, siendo éste el nacimiento de dos ríos gemelos que arrastran con su torrente violento todo cuanto se cruza a su paso. Y duele. Y quema. Y envenena aún más esta yerna tierra. Afluentes miserables que ahogan más todavía la vida en este bosque, ya casi extinta.

A veces duermes, es cierto, pero no soy ingenuo: siempre estás alerta. Dormitas por horas, días o semanas pero, tarde o temprano, sé que al igual que has hecho siempre, despiertas...

Tú que habitas entre enredos y sombras, ¿cuántos intentaron matarte y no lo consiguieron? Es igual, pues tu existencia en las tinieblas siempre aguardará y, de un modo u otro, volverás a salir de tu guarida. Lobo maldito, eterno y voraz, pero también poderoso, estuve equivocado. No tengo que matarte, no tengo que contenerte o esconderte; tu hambre es equiparable a mis ganas de vivir, una furia tan oscura como el futuro, tan inconmensurable como dolor hay en el mundo. Eres muerte, dolor y tristeza, pero también vida y engranaje de la máquina, tan mezquina como necesaria, así que aúlla, patea el suelo con fuerza y retoza y come en mis entrañas. Yo te acepto, mi infierno, porque mientras existas sé que me podré seguir moviendo.   


FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario