Te conozco, maldito,
tan bien como un padre puede conocer a su hijo.
Vives en el corazón de
un oscuro y avieso bosque, lobo voraz. Tu hogar se encuentra entre las ramas
retorcidas de árboles que crecieron de semillas podridas, tierra muerta en la
que sólo el veneno crece y follaje tan denso que el sol apenas tocó nunca tu
pelaje. Alimaña miserable, por piedad, ojalá te hubieras muerto. Ojalá no me
mordieras más.
Sé cómo actúas,
monstruo. Desde tu casa aguardas en las sombras agazapado, vislumbrando
guarecido como la vida de los demás seres se desarrolla silencioso, esperando
el momento propicio para saciar tu apetito desatado y furioso. Sales cada día
insulso, cuando más duelen los recuerdos y las noches en que dormir no se
puede, dispuesto a perpetrar tu cacería, mas tus presas no son peces, mamíferos
o aves, sino que prefieres platos más amargos y etéreos. Siempre hambriento,
anhelante de atiborrarte, lo que te sacia de veras son canciones tristes, días
grises sin sol, el llanto de la inocencia, decepciones y cartas de amor jamás
escritas o, plato aún más preferido, rotas y arrastradas lejos por el viento...
¡Ay! Lobo deleznable.. pero tu hambre no es en absoluto normal, pues cuanto más
comes, más ávido estás...
Tras alimentarte, en un
ciclo tan cruel como masoquista, la saliva cae de tus fauces al suelo y forma
un charco entre tus patas que crece y crece hasta que el bosque se inunda,
siendo éste el nacimiento de dos ríos gemelos que arrastran con su torrente violento
todo cuanto se cruza a su paso. Y duele. Y quema. Y envenena aún más esta yerna
tierra. Afluentes miserables que ahogan más todavía la vida en este bosque, ya casi
extinta.
A veces duermes, es
cierto, pero no soy ingenuo: siempre estás alerta. Dormitas por horas, días o
semanas pero, tarde o temprano, sé que al igual que has hecho siempre,
despiertas...
Tú que habitas entre
enredos y sombras, ¿cuántos intentaron matarte y no lo consiguieron? Es
igual, pues tu existencia en las tinieblas siempre aguardará y, de un modo u
otro, volverás a salir de tu guarida. Lobo maldito, eterno y voraz, pero
también poderoso, estuve equivocado. No tengo que matarte, no tengo que
contenerte o esconderte; tu hambre es equiparable a mis ganas de vivir, una
furia tan oscura como el futuro, tan inconmensurable como dolor hay en el mundo.
Eres muerte, dolor y tristeza, pero también vida y engranaje de la máquina, tan
mezquina como necesaria, así que aúlla, patea el suelo con fuerza y retoza y come en mis entrañas. Yo te acepto, mi infierno, porque mientras existas sé
que me podré seguir moviendo.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario