Seré breve. Hoy, hace un año que morí (más o menos, siempre fui muy malo con las fechas y, afortunadamente, esta vez no es una excepción). Somos aquello en lo que creemos, lo que pensamos que es bueno, justo o como queramos llamarlo y, en mi caso, todas esas cosas se destruyeron como un terrón de azúcar en el mar. En cuanto a dolor, este último año ha sido el campeón en mi vida. Pero, además, también ha sido el mejor año.
A veces, llegamos tan al fondo, tan abajo dentro de nuestra propia oscuridad, que podemos coger el suficiente impulso como para llegar de un salto a un nivel superior de lo que éramos. No estoy seguro de en qué nivel me encuentro ahora, pero impulso desde luego he cogido.
Digo, como en una entrega de premios, gracias. En primer lugar, a mí mismo (obviamente), porque sin su propio esfuerzo, uno no llega a nada, y el alimento de la victoria es el trabajo duro. Pero, no menos importante (y el sentido del texto, que para darme las gracias a mí solito no hace falta que publique nada) es agradecer a todos los demás que estuvieron ahí cuando les necesitaba. Como una galaxia es el triunfo (en definitiva, lo que todos buscamos, lo más importante), donde el centro es uno mismo, pero el resto de planetitas que nos apoyan son imprescindibles para que el sistema prospere. Así que gracias a todos los que me habéis apoyado, animado y aconsejado durante esta época tan difícil, porque sin ellos es muy improbable que hubiera conseguido salir a flote. Espero ser capaz algún día de devolveros el favor... aunque me hayáis obligado a ponerme moñas unas líneas.
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