sábado, 27 de diciembre de 2014

Gag V: Merry Christmas Dear Neighbour (especial Navidad)

La acción se ambienta en París, en un hotel céntrico con unas vistas impagables de la ciudad. Sentado en la terraza, con la torre Eiffel como testigo de la escena, Fransuá lee un libro sobre realización personal y desarrollo profesional. En el balcón contiguo, una niña pequeña le observa abstraída.
  Sale a escena un hombre de mediana edad, que se coloca junto a su hija.
PADRE: ¡Ah! Hola, Fransuá.
FRANSUÁ (dejando el libro): Hola vecino.
PADRE (a su hija): Mamá se retrasa. Haré yo la cena.
NIÑA (se vuelve hacia la terraza de Fransuá): Jo, papá siempre hace lo mismo...
FRANSUÁ: Iba a pgepagag una cena de picoteo... pego ya me habéis amaggado con vuestgas gilipolleces.
PADRE (con gesto horrorizado): ¡Fransuá, no le consiento que le hable así a mi hija!
FRANSUÁ: Tu hija, tu hija, tu hija... estaba yo aquí, disfgutando de una aggadable velada en mi intgospección inspigadoga, y tengo que tolegag las indiguectas de la niña de las pelotas paga que os invite a cenag. Nadie piensa en Fgansuá, en el pobgecito Fgansuá...
NIÑA (con lágrimas en los ojos): Papá, el señor huele a alcohol otra vez...
FRANSUÁ: ¡Ah! ¿Así que ahoga lo que le molesta a la niña es mi olog cogpogal? Pues, ¿sabes a qué huelo? ¿Lo sabes? ¡HUELO AL CHIGUI DE TU MADGE!
  La niña rompe a llorar desconsoladamente.
PADRE (gritando): ¡Que te jodan, Fransuá! ¡Dijiste que nunca más volvería a ocurrir!
  Fransuá saca la lengua de manera obscena.
  Entra una mujer vestida de empresaria a escena.
MADRE: ¿Qué está pasando aquí? Se oyen los gritos desde la calle, por Dios...
PADRE: ¡Tú no te metas en esto, zorra!
MADRE (volviéndose hacia su vecino): ¡Fransuá! Maldito hijo de puta, ¡se lo has contado!
PADRE: ¡HE DICHO QUE TE CALLES! Ya hablaremos de esto luego, primero voy a solucionar el asunto con el francés este de mierda.
FRANSUÁ: Yo no tengo la culpa de que no le des a tu mujegcita lo que necesita y tenga que venig a pog un poco de baguette fgancesa de la buena.
  Fransuá repite el gesto obsceno.
PADRE: ¡Se acabó! ¡Ven aquí, hijo de puta!
  El hombre salta la terraza y se abalanza sobre Fransuá. Tras un intercambio de puñetazos fugaz, ambos se debaten en un forcejeo en el que intentan estrangularse mutuamente.
FRANSUÁ:¡Así es como le gusta a tu esposa! ¡Así es como le gusta a ella!
MADRE: ¡POR FAVOR, PARAD! VOY A LLAMAR A LA POLICÍA.
  Mientras la mujer corre hacia el interior del hotel, su hija se deshace en amargas lágrimas.
NIÑA (de manera entrecortada por los sollozos): Estas... snif... estas son las peores navidades de mi vida... 

FIN




lunes, 22 de diciembre de 2014

Margo, el Genio Cabrón IV: Especial Lotería

Antonio Tolebo atravesaba la típica crisis existencial de los cincuenta años. Echando la vista atrás, la ilusión de su vida había quedado muy mermada. Él habría querido ser un alocado director de películas pornográficas, soltero y con una nueva novia cada semana, que pasara las horas libres conduciendo su harley en la pista de su yate, pero lo que en realidad tenía era bien distinto: un trabajo que detestaba, en el que estaba tan encasillado como obligado a mantenerse para sobrevivir; una mujer que hacia años había dejado de resultar atractiva, tanto a él como al 92% de la población; demasiados hijos; un cuerpo que no habría aguantado el trasiego de ninguna moto, con michelines, pelos donde no debería haber nada y dolores y gases en cada orificio de su cuerpo. 
  Resignado como estaba, hacia mucho que Antonio había encomendado su esperanza a la diosa fortuna, y esta cada año le daba una sonada bofetada a través del sorteo de la lotería. En 15 años que llevaba jugando, se había gastado cerca de 500 euros, y sólo había recibido 12 a cambio entre premios menores y una vez que se encontró 2 euros tirados cando iba a comprar el boleto. La suerte nunca le había favorecido a Antonio... pero podía ser peor. Y él iba a comprobarlo.
  Aquel 22 de Diciembre, Antonio ya sabía que el premio gordo no le había tocado a él, si no a un inmigrante Senegalés de Pamplona. Alicaído, decidió alejarse de la ingrata compañía de su familia e ir en busca de regalos, más por compromiso que por ilusión. Sus tambaleantes pasos le llevaron a una tienda de segunda mano regida por un simpático señor asiático con la lengua bífida, que le recibió preguntándole si le iba a robar. Dentro del establecimiento, el hombre paseó entre los múltiples trastos inútiles y ajados que la tienda contenía, hasta pararse frente a una estantería. Notaba un pelo en la encía. Buscando algo metálico que hiciera las veces de espejo, sus manos dieron con una extraña lámpara de latón, que bien podría reflejar si se limpiaba un poco. Cuando el hombre frotó su superficie con el puño, de su interior empezó a brotar un humo oscuro y verde que al instante se materializó en Margo, el Genio Cabrón.
- Saludos, mi amo, soy Margo. Le concedo un deseo a su elección por haberme liberado.
  Antonio tenía muchas cosas que desear, tantas que no sabía por cuál decidirse. Sin embargo, bien sabido era que los genios tenían truco, y que debía ser muy cuidadoso para no pedir algo que se volviese en su contra.
- Deseo que ahora, sea ayer a esta hora. Un viaje en el tiempo, vamos.
  Margo asintió y, de un chasquido, desapareció.
  
Sonó el despertador. Antonio se incorporó al instante, rodó sobre el corpachón de su esposa y miró la fecha de su móvil. Día 21. No había tiempo que perder. El hombre se enfundó la primera ropa que pudo y se encaminó a un frenético viaje.
- ¿Kaces tanto ruido? ¿Tás tonto?- refunfuñó su no amada esposa.
  Antonio no lo toleró.
- Frungilda, te dejo. Por gorda y desagradable en todos los sentidos. Me he tirado a tu hermana y ya no te quiero. Me divorcio, te dejo y me piro. Igual me paso a ver a los niños de vez en cuando.
  Frungilda aún mantenía el gesto de sorpresa cuando Antonio se marchó.
  El hombre condujo sin descanso hasta Pamplona y, una vez allí, compró el boleto premiado, cuyo número tenía grabado a fuego en la mente: 69696.
  El resto del día, el hombre se dedicó a atar cabos o, siendo más exactos, a cortarlos: fue al despacho de su jefe y le explicó amablemente que iba a abandonar el trabajo, que era un cabrón con corbata y que no es que nadie oliera sus pedos, es que se esforzaban en disimularlo, todo ello un segundo antes de orinarle en la mesa; posteriormente, fue arreglando los papeles del divorcio con su abogado, para que no hubiera líos económicos de por medio, con separación de bienes exacta; por último, se tumbó en una estación a esperar.
  La mañana siguiente, a favor de pronóstico, a Antonio le tocó la lotería. 40000000 euros que no sólo solucionaban la vida, sino que compraban una nueva. El premiado pasó todo el día alquilando cosas, comprando otras y reservando billetes que le llevaran muy lejos de donde se estancaban. 
  Precisamente se encontraba en el aeropuerto esperando su vuelo directo a Hollywood, cuando la televisión de la terminal le dio una gran sorpresa. De grande, no de buena.
<-... interrumpimos la programación para ofrecerles una noticia de última hora. Al parecer, el sorteo de la Lotería de Navidad de este año queda ANULADO. Han oído bien, ANULADO. La decisión tomada por el Ministerio de Interior tiene su fundamento en las sospechas de amaño, debido a que uno de los "Niños de San Idelfonso" era en realidad un hexagenario bajito y disfrazado que trabaja para la multinacional “Pelucas Sotobónquez”. El señor Sotobónquez, magnate multimillonario, ha dado estas explicaciones: “Sí, joder, estaba amañado. Comedme el PIIIII y dejadme en paz, que no voy a ir a la cárcel, porque soy rico, iros a la mierda”. Ante la estafa, la organización ha decidido que el sorteo volverá a celebrarse mañana, a la misma hora, en nuestra cadena, la mejor, la inigualable, la...>
  Para Antonio, las últimas frases sonaron lejanas, hasta que dejó de escuchar, y sólo volvió a hacerlo cuando despertó en la camilla del hospital en el que se recuperaba del infarto al que acababa de sobrevivir.
  El desdichado trató de arreglar la situación, pero ya poco podía hacer. Sin trabajo, ni familia y endeudado hasta doce vidas, descubrió que sí podía ir a peor respecto a lo que tenía.

“Entre cartones Antonio duerme en un bulevar.
Margo os desea: Feliz Navidad”.

FIN