viernes, 30 de mayo de 2014

Tres Reyes


Cuando el monarca Constanzio murió, el reino de Ulúan estaba tan castigado por las deudas y su enemistad con otros países, que no fue del todo sorprendente que en su testamento decidiera dividirlo en tres partes, bajo la única condición de que éstas no se enfrentasen: Mekya, al Norte, fue entregada a Dragis, su hijo mayor, tiránico e implacable; Ulan Viedra, al Sureste, sería regida por Nicolov, su hijo menor, piadoso aunque perjudicado; y, finalmente, Gergiya, al Suroeste, cuyo mando sería otorgado a un plebeyo escogido al azar por los dos hermanos. Aquel sonreído por la fortuna fue un joven llamado Carlist, hijo de panaderos, que en su vida había dormido en una cama de verdad.

El reinado de Dragis era férreo y agresivo. Aplastaba las libertades de sus campesinos y guerreaba constantemente con países más débiles a los que sometía; recrudecía los impuestos para aumentar su patrimonio y destruía de manera cruel y ejemplar cualquier rebelión que se levantara en sus dominios. El pueblo tenía tanta libertad como gusanos bajo un yunque.

En cuanto al rey pobre, como llamaban a Carlist, prometió políticas para combatir las desigualdades sociales pero, si dejas a un niño repartir un pastel, las mayores porciones serán para sus mejores amigos. Así, tras unas primeras medidas por el pueblo, acabó haciendo que ascendieran socialmente sus familiares y allegados. Los nuevos ricos aprovecharon su posición para resarcirse de una vida de miseria, favoreciendo a su vez a quienes conocían. Una nueva corrupción nació desde las cloacas, compitiendo con la que ya existía y ganándose la enemistad de los que salían perdiendo con el cambio de bastón de mando.

Nicolov era un monarca radicalmente distinto al resto. En mitad de cierta batalla, sucedió que estalló un polvorín cercano, dejándole sin visión, sin brazo derecho y sin ningún tipo de reacción de cintura para abajo. Despojado de su cuerpo, trató de hallar la  salvación lejos del mundo físico, y volcaba todos sus esfuerzos en mejorar la calidad de vida de su pueblo para ser un soberano digno del cielo. Construyó escuelas y hospitales y aumentó las libertades de sus ciudadanos. Su reinado era coherente y respetuoso con el resto de naciones más débiles y luchaba siempre porque se hiciera justicia.

Durante años, la inestabilidad sacudió los tres reinos, pero el fin de esa era llegó de manera tan trágica como repentina. En Gergiya, la nueva situación empezó a incomodar a los miembros de altas familias tradicionales, que veían peligrar sus privilegios. En secreto, planearon asesinar a Carlist, y así lo hicieron con veneno. Fenecido el rey, las antiguas casas pactaron con Dragis, que les devolvió sus posiciones al tiempo que se deshacía de los nuevos miembros de la corte y usurpadores.

En Ulan Viedra, los detractores del rey ciego promovieron ideas antimonárquicas, pues éste había evitado aprovecharse de reinos menores, desventaja frente a otros más belicosos. La bondad se confundió con debilidad, la manipulación de quienes ansiaban el poder se extendió como una enfermedad, y finalmente la plebe inició una revolución. Como el imán que permitió que se alejaran demasiado los clavos, Nicolov dejó de tener poder sobre ellos, los revolucionarios ganaron, derrocaron al rey y le colgaron vivo. En un país descabezado, los líderes de la reyerta pactaron con Dragis, que anexionó el reino al suyo propio.

Y Dragis, el déspota, acabó heredando no sólo un mero tercio, sino todo el pastel, libre de las deudas anteriores y más unido que nunca bajo el hierro... como hubo planeado desde que redactara el falso testamento. Así que no, no ganan los buenos.   

FIN

lunes, 19 de mayo de 2014

Gag III: Remember Good Times


Juan salió del baño en mitad de una nube vaporosa, envuelto en una toalla de cintura para abajo y con gotas de agua aún condensadas en su cuerpo y cabello. En el dormitorio, su mujer le recibió con gesto serio.
- Uf... ¡qué a gusto me he quedado! Necesitaba esta ducha como agua de Mayo.
- Juan, no tiene gracia: el que te duches sólo una vez al año es peligroso tanto para tu salud como para la de los que te rodean.
- Bueno cariño, ya sabes lo que dicen: una vez al año, no hace daño. Jajajajaja...
- Juan, creo que no te das cuenta de la gravedad de la situación...
- ...jajajaja...
- La casa apesta...
- ...jajajaja...
- Los niños no quieren invitar a nadie a venir...
- ...jajajaja...
- Los vecinos han llamado al ayuntamiento para que intervengan. Ya están haciendo trámites en el juzgado...
- ...jajajaja...
- Te están saliendo pústulas...
- ...JAJAJAJAAAAAAAAAHHH.
- Y yo... yo ya no te encuentro atractivo, Juan. A veces me obligo a recordarme a mí misma porqué me casé contigo y trato de aferrarme a ello con todas mis fuerzas para aguantar la situación, por ti y por nuestros hijos, para que no crezcan sin su padre. Pero ya no es suficiente. Esto es demasiado para mí. Quiero el divorcio.
  Juan se silenció súbitamente. Durante unos instantes tan intensos como tensos, tan sólo el sonido de las gotas del cuerpo del hombre contra el suelo rompían la quietud. Entonces, él miró a cámara.
- Y así es como se recupera tu vida de soltero.
  (APLAUSOS DEL PÚBLICO. CAE EL TELÓN)


FIN

martes, 13 de mayo de 2014

La Reina Rana


Vivió una vez (pero ahora ya no) una rana avariciosa que se convirtió en reina de cierta charca. Su ley era clara: gobernaba sobre las criaturas con autoridad y sin empatía, siendo su único propósito satisfacer sus caprichos, ganar aún más poder y vivir cómodamente a costa de los habitantes a quienes había prometido deberse.

El infame anfibio comía tantos bichos como siete ranas, mientras su pueblo moría de hambre. La porquería crecía, los animales se desesperaban e incluso llegaban a suicidarse en su miseria, aquella charca cada vez era más farragosa mientras ella, la rana cruel, se alzaba victoriosa sobre nenúfares; al mismo tiempo que bajaba las raciones de sus súbditos, ella subía las propias, aumentando su gordura y opulencia, hasta que pareció que un día u otro podría estallar; desterraba de su reino a otros animales que se le interponían o incluso a quienes le habían servido, haciéndoles perder por completo su comida, mientras ella se lucraba cada vez más y más, llegando un punto en que sus múltiples nenúfares apenas podían sostenerla, al tiempo que otros peces y ranas eran echados de sus lugares de residencia; amenazaba a cualquiera que se pusiera en su contra y manipulaba la información que de boca en boca pasaba y pudiera perjudicar sus intereses, todo para mantener su posición. Pero no todos en la el reino estaban descontentos, pues habían quienes salían beneficiados con su encumbramiento: sus conocidos y allegados, que ocupaban altos puestos dentro de la charca que ella misma les proporcionaba (como su marido, un sapo enclenque y adinerado), así como sus socios, quienes junto a ella se llenaban las madrigueras con lo que le robaban al resto, quienes cada vez estaban más hundidos en el fango.

Un día, unos peces arquero a los que despidió en su momento decidieron tomarse la justicia por su mano y la mataron de varios disparos. La rana egoísta había muerto, tras una vida de excesos y participación en el hundimiento de su pueblo, ya no se encontraba entre ellos. En seguida, se armó un gran revuelo, y surgieron contradicciones tanto morales como éticas al respecto: ¿por qué lamentar que ya no estuviera aquella que causaba tanto sufrimiento innecesario a aquellos a los que debía cuidar?, ¿quién iba a llorar por esta malvada rana?, ¿quién velaría por su recuerdo? Sus familiares y allegados quizás, un estanque hipócrita y, sobre todo, aquellos buitres carroñeros que aún pudieran sacar provecho de su frío cuerpo.

FIN