Cuando el monarca Constanzio murió, el reino de Ulúan estaba
tan castigado por las deudas y su enemistad con otros países, que no fue del
todo sorprendente que en su testamento decidiera dividirlo en tres partes, bajo
la única condición de que éstas no se enfrentasen: Mekya, al Norte, fue
entregada a Dragis, su hijo mayor, tiránico e implacable; Ulan Viedra, al
Sureste, sería regida por Nicolov, su hijo menor, piadoso aunque perjudicado; y,
finalmente, Gergiya, al Suroeste, cuyo mando sería otorgado a un plebeyo
escogido al azar por los dos hermanos. Aquel sonreído por la fortuna fue un joven
llamado Carlist, hijo de panaderos, que en su vida había dormido en una cama de
verdad.
El reinado de Dragis era férreo y agresivo. Aplastaba las
libertades de sus campesinos y guerreaba constantemente con países más débiles
a los que sometía; recrudecía los impuestos para aumentar su patrimonio y
destruía de manera cruel y ejemplar cualquier rebelión que se levantara en sus
dominios. El pueblo tenía tanta libertad como gusanos bajo un yunque.
En cuanto al rey pobre, como llamaban a Carlist, prometió
políticas para combatir las desigualdades sociales pero, si dejas a un niño
repartir un pastel, las mayores porciones serán para sus mejores amigos. Así,
tras unas primeras medidas por el pueblo, acabó haciendo que ascendieran
socialmente sus familiares y allegados. Los nuevos ricos aprovecharon su
posición para resarcirse de una vida de miseria, favoreciendo a su vez a
quienes conocían. Una nueva corrupción nació desde las cloacas, compitiendo con
la que ya existía y ganándose la enemistad de los que salían perdiendo con el
cambio de bastón de mando.
Nicolov era un monarca radicalmente distinto al resto. En
mitad de cierta batalla, sucedió que estalló un polvorín cercano, dejándole sin
visión, sin brazo derecho y sin ningún tipo de reacción de cintura para abajo.
Despojado de su cuerpo, trató de hallar la
salvación lejos del mundo físico, y volcaba todos sus esfuerzos en
mejorar la calidad de vida de su pueblo para ser un soberano digno del cielo.
Construyó escuelas y hospitales y aumentó las libertades de sus ciudadanos. Su
reinado era coherente y respetuoso con el resto de naciones más débiles y
luchaba siempre porque se hiciera justicia.
Durante años, la inestabilidad sacudió los tres reinos, pero el fin de esa era llegó de manera tan trágica como repentina. En Gergiya, la nueva
situación empezó a incomodar a los miembros de altas familias tradicionales,
que veían peligrar sus privilegios. En secreto, planearon asesinar a Carlist, y
así lo hicieron con veneno. Fenecido el rey, las antiguas casas pactaron con
Dragis, que les devolvió sus posiciones al tiempo que se deshacía de los nuevos
miembros de la corte y usurpadores.
En Ulan Viedra, los detractores del rey ciego promovieron ideas
antimonárquicas, pues éste había evitado aprovecharse de reinos menores,
desventaja frente a otros más belicosos. La bondad se confundió con debilidad,
la manipulación de quienes ansiaban el poder se extendió como una enfermedad, y
finalmente la plebe inició una revolución. Como el imán que permitió que se
alejaran demasiado los clavos, Nicolov dejó de tener poder sobre ellos, los
revolucionarios ganaron, derrocaron al rey y le colgaron vivo. En un país
descabezado, los líderes de la reyerta pactaron con Dragis, que anexionó el
reino al suyo propio.
Y Dragis, el déspota, acabó heredando no sólo un mero
tercio, sino todo el pastel, libre de las deudas anteriores y más unido que
nunca bajo el hierro... como hubo planeado desde que redactara el falso testamento. Así que no, no ganan los buenos.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario