Juan salió del baño en mitad de una nube vaporosa, envuelto en una
toalla de cintura para abajo y con gotas de agua aún condensadas en su cuerpo y cabello. En el dormitorio, su mujer le recibió con gesto serio.
- Uf... ¡qué a gusto me he quedado! Necesitaba esta ducha
como agua de Mayo.
- Juan, no tiene gracia: el que te duches sólo una vez al
año es peligroso tanto para tu salud como para la de los que te rodean.
- Bueno cariño, ya sabes lo que dicen: una vez al año, no
hace daño. Jajajajaja...
- Juan, creo que no te das cuenta de la gravedad de la
situación...
- ...jajajaja...
- La casa apesta...
- ...jajajaja...
- Los niños no quieren invitar a nadie a venir...
- ...jajajaja...
- Los vecinos han llamado al ayuntamiento para que intervengan. Ya están haciendo trámites en el juzgado...
- ...jajajaja...
- Te están saliendo pústulas...
- ...JAJAJAJAAAAAAAAAHHH.
- Y yo... yo ya no te encuentro atractivo, Juan. A veces me obligo a recordarme a mí misma porqué me casé contigo y trato de aferrarme a ello con todas mis fuerzas para aguantar la situación, por ti y por nuestros hijos, para que no crezcan sin su padre. Pero ya no es suficiente. Esto es
demasiado para mí. Quiero el divorcio.
Juan se silenció
súbitamente. Durante unos instantes tan intensos como tensos, tan sólo el sonido de las gotas del cuerpo del hombre contra el suelo rompían la quietud. Entonces, él miró a cámara.
- Y así es como se recupera tu vida de soltero.
(APLAUSOS DEL
PÚBLICO. CAE EL TELÓN)
FIN
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