Estaba una niña bañándose en el mar,
cuando vio una medusa rosada que flotaba parsimoniosa hacia ella.
Cuando la pequeña la señaló exclamando lo bonita que era, su padre la sacó del agua presurosamente con un palo y la dejó
trinchada en la arena para que se secara y muriera.
La muchacha, conmocionada, interrogó
al hombre.
- ¿Por qué has hecho eso, papá?
- Porque las medusas son
abominables: malos bichos que hacen daño al resto de criaturas.- Fue
la respuesta que obtuvo.
La niña asintió y asimiló la
enseñanza.
Aquella misma noche, el padre fue a
comprar tabaco y un atracador le rajó la garganta.
Y desde entonces, el epitafio escrito en su lápida reza: “A
un buen padre, marido y persona.”
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