jueves, 27 de junio de 2013

Margo, el Genio Cabrón I


Juanito Butterfly era un chico normal y corriente (con su familia disgregada, sus amigos "juegapokemon" y su chucho sin raza, normalucho), excepto por un detalle: casi nunca aprobaba ningún examen. Daba igual lo que estudiase porque, a la hora de la verdad, era coger el boli y quedarse tan en blanco como el folio frente a sus ojos. Los cursos que pasaba, habían sido resultado de esfuerzo personal y pena de sus profesores.
  Un día, volviendo a casa de sus clases particulares de física, mates, inglés y religión (con el primer y último profesor particular de religión de la historia), se encontró una lámpara encadenada a una farola. Juanito era la única persona del mundo que no había visto “Aladín”, pero le picaba la espalda y se rascó con ella. Al instante, un genio verdoso, de sonrisa afilada y ojos entrecerrados ("cara de cabrón" total) apareció ante su estupefacta mirada.
- Saludos, amo. Soy el genio Margo y le concederé un deseo por haberme liberado.
  Juanito no dudó ni un momento.
- Deseo no volver a suspender un examen en la vida.
  Margo dio dos palmadas.
- Deseo concedido.
  Y, como por arte de magia que carece de "como", genio y lámpara desaparecieron.
  Feliz y contento, Juanito volvió a su paupérrimo apartamento.

Una semana después, Juanito tendría el examen de geografía. Para sorpresa de sus compañeros, el chico no fue a las clases de refuerzo.
- No lo necesito. No voy a perder el tiempo- decía.
  A dos días del examen, sus compañeros organizaron un grupo de estudio a la desesperada para ir a la biblioteca.
- No lo necesito. No voy a perder el tiempo- repitió por el grupo de whatsapp. Luego lo abandonó y, desde ese instante, todos le empezaron a insultar.
  La noche antes del examen, la madre de Juanito le pilló en su cuarto jugando a la play mientras chateaba con una prostituta de un país del este y comía nachos.
- ¡Estudia!- le gritó.
- No lo necesitó. No voy a perder el tiempo- fue de nuevo la contestación.
- ¡...como suspendas, te echo de casa!
  La mujer salió dando un portazo.
  La mañana del examen, Juanito metió boli y folios en la cartera y partió. De camino, trató de repasar el temario, pero no encontró ningún conocimiento en su cabeza.
- Es igual, de eso se ocupa el genio. Ya no necesito estudiar. Sería una pérdida de tiempo.
  El chico cruzaba la calle del instituto cuando un coche le pasó por encima.
  Su entierro corroboró que Juanito estaba en lo cierto: estudiar habría sido una pérdida de tiempo. 

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