jueves, 11 de julio de 2013

Sin Malos Rollos

Aquella mañana todo era normal. Redactaba unos informes para mi jefe en el nuevo Mac que me habían instalado en el despacho, cuando me percaté de la figura de Juan Carlos, buen secretario y uno de mis mejores amigos de toda la vida, plantado en el umbral de la puerta que siempre mantenía abierta para empaparme con el ruido de los becarios y demás trabajadores de los cuales era responsable. 
- ¿Qué hay, Juancar?- pregunté en tono amistoso. 
- Me han despedido.- Fue su respuesta. Estaba tembloroso, con una mueca contenida que no lograba identificar entre la pena y la contrariedad, y la pesada caja de cartón llena con sus cosas de la oficina que mantenía en los brazos daba verosimilitud a su confesión. 
- ¡¿Qué?!- exclamé indignado-. Es injusto, eres un buen empleado. Voy a hablar con el jefe ahora mismo. 
  Antes de que él pudiera decirme nada, me levanté del escritorio y fui al despacho del señor Róblez con paso firme. Mientras atravesaba la oficina, tuve tiempo de prepararme el discurso con el que le abordaría, esperando una victoria en base a los excelsos méritos que Juan Carlos había hecho a lo largo de su intachable trayectoria profesional. 
  Llegué hasta el despacho y, a través de la ventana desde la que él solía vigilar a sus empleados, comprobé que se encontraba dentro antes de dar dos golpes en la puerta. 
- Adelante- se oyó desde el interior. Entré.- ¡Ah, Encino! Ha venido muy rápido. Precisamente quería hablar con usted...
- ¡No puede echar a Juancar!- le interrumpí antes de que tuviera tiempo de mandarme algún encargo-. Y no sólo le defiendo por nuestra amistad, sino en base a sus méritos como miembro productivo de...
- ¡Alto, alto!- dijo el señor Róblez-. ¿Echarle? ¿Quién ha dicho nada de echarle?- El hombre parecía confuso.- Lo que he hecho es ascenderle. 
- ...no lo entiendo- respondí, contrariado. 
- Le he dado tu puesto. Le dije que te mandara aquí para hablar de eso. 
  Lentamente cual autómata me di la vuelta en redondo y miré por la ventana hacia mi propio despacho. El bueno de Juancar ya empezaba a colocar ciertos objetos de su cajita por mi escritorio. 
- Señor Encino: está despedido- oí la voz del señor Róblez tras mi nuca. 
- ... so... soy un miembro productivo de... hijos de puta. 

FIN 

No hay comentarios:

Publicar un comentario