En la oscuridad, como siempre. Notó la caricia húmeda y
cálida en la mejilla, el tacto superfluo de las garras recorriendo su pecho, su
estómago, su cuello... en la oscuridad, sólo el aliento del monstruo se
escuchaba... cerca de su oído, pegado a la piel... en la oscuridad sólo
temblaba, y no tenía a dónde correr...
Nico tecleaba en el ordenador de la biblioteca pública con
trémulos dedos. Sus ojos bailoteaban inconsistentemente dentro de sus cuencas,
oscurecidos y sombríos por el cansancio; su aspecto demacrado revelaba lo
tortuoso de su actual existencia, un rostro lívido, pelo despeinado y hedor
descuidado. Llevaba días sin dormir, temeroso del monstruo.
Bien coordinado,
cada noche se presentaba a la hora señalada. 333. Le hostigaba, le molestaba
para que abriera los ojos, pero Nico siempre se negaba. La imagen de cómo se
encontró al amanecer de la noche en que todo comenzó a la dulce Jane aún le
atormentaba. Todo lo hermosa que fue su cara, tanto así de demacrada se la
encontró, completamente hueca, vaciada por las temibles garras de la bestia
como una calabaza, envuelta en sangre...
Había huido de la
casa. Como debía hacer. Sus huellas, su semen, todo estaba allí... le acusarían
y le encerrarían donde no pudiera escapar del monstruo, donde no fuera posible pelear. Y Nico era un luchador.
Desde que marchara,
se había refugiado en un motel de carretera, y pasaba las horas diurnas que no
dormía a duras penas encerrado en la biblioteca pública investigando...
batallando a su manera. Solamente tenía una pista: el exnovio de Jane.
Encontrar su rastro no fue algo difícil, y ya le había dejado varios mensajes
en cuentas públicas, pero ninguna había sido correspondida. Tan fácil como
revelador fue encontrar su blog. Y en eso se basaba su actual investigación.
Aquel muchacho estaba obsesionado con el 3.
“3 meses tardó en
olvidarme”, “Éramos 2, ahora hay un tercero”, “Las 3 taiciones”... su obsesión
enfermiza se reflejaba en cada entrada de su blog, tristes, desgarradas y no
muy bien escritas. Estaba claro que nunca llegó a superar la ruptura. “Pobre
infeliz”, pensó Nico, “ni talento tenía...”.
Buscó en las páginas
amarillas su contacto, alguna referencia, pero nada... hasta que dio con la
respuesta que buscaba en los periódicos:
“Martes, 31 de Julio:
encontrado el cadáver carbonizado de un joven en un apartamento a las afueras
de la ciudad. El chico, de 22 años de edad, al parecer se habría prendido fuego
en...”
Suicidio. La fecha
no le sorprendió: 3 meses antes de Halloween, la noche en que todo empezó.
A continuación, miró en archivos,
informaciones de las más marginales revistas sobre esoterismo, pues no había
otra explicación posible. Recogió datos sobre rencores y rabias profundas
como los que expresaba en su blog, y todas ellas llevaban a una conclusión. Los
sentimientos humanos son una energía, que ni se crea ni se destruye. Cuando
alguien muere lleno de odio, ésta se transforma en monstruo y se transfiere a
quienes despertaron su ira.
Si las películas que
de tan mala gana había visto en el pasado le habían enseñado algo, fue en ese
momento cuando se materializó en su conciencia. Nico supo lo que tenía que
hacer. Enfrentarse al ser cara a cara donde tuvo su origen el nacimiento del
monstruo. Eso era lo que decía la ficción. Estaba desesperado, y tampoco le
quedaba opción.
En la oscuridad, como siempre, el hálito mortal ya paseaba ante su cara...
- Te venceré- por primera vez, Nico se atrevió a susurrarle
a las sombras.
Continuará...
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