jueves, 31 de octubre de 2013

333: Capítulo III. Final


Hállome aquí, a oscuras en mi habitación, escribiendo la última parte de esta minitrilogía especialmente preparada para Halloween. Espero que la disfrutéis en parte y que, al menos, os recorra un leve escalofrío por la espalda mientras la leéis.

“En los albores del inconsciente, se encuentra la verdadera razón del miedo...”

Las luces parpadeaban y el olor a humedad viciaba el ambiente al tiempo que un grifo lejano no cesaba su plúmbeo goteo. Para Nico, no había sido muy difícil entrar en el apartamento abandonado. El cordón policial apenas cubría una milésima del umbral de la entrada, y la puerta estaba bastante descolgada del marco.
  El chico encontró la estancia tal y como la había dejado su anterior inquilino. El humo de las llamas había marcado una mancha negra en el techo, justo en el sitio donde el exnovio de Jane exhaló su último aliento mientras se deshacía entre cenizas. No le fue difícil imaginarse los gritos, el dolor y el miedo. Sintió frío.
  Poco a poco, Nico recorrió el destartalado salón y examinó las habitaciones. A pesar del deficiente tendido eléctrico, consiguió abrirse paso en la semipenumbra. La casa estaba prácticamente vacía, sin muebles, ni ropa, ni objetos de valor, preparada sólo para estar un breve periodo de tiempo, la típica habitación del suicida que va allí sólo para no darles a sus padres el disgusto de encontrar su cadáver en el desayuno.
- Un patético considerado- pensó.
  Recorrió todas las salas, hasta llegar a la que habría sido la habitación del chico. La cama estaba desordenada tras meses sin hacerse. Fue hasta la mesilla, donde encontró una foto bajo la lamparita. Allí estaban él, el exnovio maldito, junto a una chica bastante simpática. Parecía reciente, y los dos se encontraba muy acaramelados.
- Qué raro...
  Nico leyó una frase escrita por detrás.
  “Hago lo que debo, pero no como hacer los deberes, sino feliz, alma. Gracias a ti.”
  Nico no entendió. ¿“Amor”? ¿Había tenido novia después de Jane? ¿Rehecho su vida? Según esotéricoehistórico.com, aquello no cuadraba con un odio capaz de crear al monstruo.
 Al mover el pie, el crujido de un folio llamó su atención. Descubrió que el suelo estaba repleto de hojas. Probablemente, se habían desperdigado por el viento desde el álbum que reposaba sobre la cama. Se agachó a recogerlas.
  Todos eran recortes de periódicos o fotocopias de casos de asesinatos. Todos ellos tenían un patrón común que a Nico le pareció desgarradoramente familiar. “Sin ojos”, “entre las 3 y las 4 de la madrugada”... El modus operandi que andaba buscando. Examinando mejor el contenido, encontró también una nota:
  “Voy a cargármelo, mi alma. Como sea, las llamas nos llevarán a los dos.”
  Nico siguió indagando, casi sin poder detenerse. Prácticamente detrás de cada recorte, había alguna anotación escrita de manera precipitada y temblorosa, algunas de las cuales no entendía del todo: “no abrir ojos”, “monstruo”, “3 al cubo”, “sombras a mi espalda”, “¿por qué?” y, sobre todo, una última que hizo que se le helara la sangre... “más antiguo”.
  De repente, sus pensamientos fueron interrumpidos por un súbito pitido. La alarma del reloj de su muñeca se había activado. Las 3:32. Tenía sólo un minuto, y su plan se había ido al traste.
  Nico cerró los ojos con fuerza y contó. 1, 2, 3... Su corazón se agitó. 15, 16, 17... El cuerpo le empezó a temblar. 33, 34, 35... Comenzaron los sudores fríos. El tiempo pasaba demasiado lento, pero también demasiado rápido. No sabía lo que esperaba, no sabía lo que prefería. Cuanto antes ocurriese mejor, pero... ojalá no fuese nunca. 54, 55, 56, 57, 58, 59...
  Lo primero que escuchó fueron los pasos. Los recordaba bien, los tenía presentes en cada pesadilla. Luego, el rasgar de las uñas contra el suelo, contra las paredes. Finalmente, esa respiración densa y agriada, pútrida, chocando contra su cara. El monstruo estaba a escasos milímetros, tanto que sus rostros casi se tocaban. Le lamió el cuello, le tocó la espalda, dio vueltas alrededor. A veces, dejaba de notar si estaba, pero siempre volvía a aparecer, a instarle a que abriese los ojos. Nico se mareaba.
  Pasaron los segundos más largos de su vida. El pecho le subía y le bajaba congestionado, al tiempo que el corazón trataba de horadar las costillas y salirse de su cuerpo. El monstruo seguía ahí, muy cerca, casi rozándole...
  Por fin, el tiempo pasó. Como cada noche, la realidad del ser dejó de dar señales de vida. Aún así, el chico no se confió. Siguió de pie en las sombras, luchando contra sus fuerzas. Las piernas le temblaban hasta la extenuación, y los músculos de la espalda se le agarrotaban.
  Aún no sabía bien hasta cuándo se retiraba del todo el monstruo, así que aguardó. Un minuto, dos, trece... siguió esperando pacientemente. Finalmente, abrió los ojos. Respiró aliviado. Estaba solo.
  Miró su reloj. Había pasado 20 minutos desde las 3:33. Parecía a salvo.
  Nico se agachó y recogió cuantos papeles pudo. Estaba decepcionado y desesperado, pero no podía rendirse. Su investigación de los orígenes del monstruo y de cómo derrotarle tenía que seguir su curso, debía hacerlo. No le quedaba otra opción si quería vencerle... ¡lo haría!.
  Una sombra enorme cayó ante los ojos de Nico. Al levantarse, vio una figura desnuda. Un cuerpo rosado, despellejado, cubierto de una capa mucosa y sanguinolenta. Su cara había desaparecido, y en su lugar decenas de ojos dispares le contemplaban.
  El chico bajó los párpados con rapidez, pero ya había visto su cara. Y lo último que vio del monstruo, fueron sus garras.
  La noche se tiñó de rojo con el grito desgarrador de Nico. La sangre empapó las paredes, la cama y hasta el techo, ventanas, lámpara y, por último, los recortes. Las gotas diluyeron pronto el contenido de la investigación: “entre las 3 y las 4”, “3 al cubo” y, por último, “más antiguo”...

Bueno, y esto es todo. Deseo de verdad que os haya gustado. Feliz noche a quienes puedan y merezcan disfrutarla, pero antes, permitidme un pequeño consejo: la sugestión es un tema serio, y más sabiendo que nosotros creamos aquello en lo que creemos, así que recordad, cuidado con esos monstruos a los que les damos el poder de existi

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