Estaba una chica con 23 años y 115 kg llorando desconsolada, sentada en el banco de un parque. Entre sollozo y sollozo, se le acercó un joven desinteresado que había salido a pasear un rato.
- ¿Por qué lloras, si no es indiscreción?- preguntó él.
- Porque estoy gorda, muy muy gorda, y yo... ya no puedo soportarlo. La sociedad me mira mal. ¿Sabes? Nunca me ha entrado un chico en la discoteca, además.
- Oh.- El chico se quedó unos segundos pensativo-. ¿Y tú? ¿Has entrado alguna vez a un chico en la discoteca?
Ella le miró sorprendida.
- Es que las cosas no son así: las chicas no entran a los chicos.
Él la sonrió con amargura.
- Si aceptas eso, entonces acepta que las cosas tampoco son de la otra forma: en la disco, los chicos no ligan con gordas.
"Nos quejamos de las convenciones sociales siempre que nos interesa, cuando somos nosotros los que las creamos y perpetramos."
No hay comentarios:
Publicar un comentario