domingo, 11 de agosto de 2013

Agente de la Ira


Hola a todos, mi nombre es RR373. Tengo cabeza, cuerpo, brazos y piernas, ojos, nariz y boca, pero no soy humano. Soy un muñeco... y odio mi vida.
  Las cosas que pasan en mi día a día no me gustan: los niños juegan conmigo sin piedad, me hacen vivir realidades imposibles que sólo me ilusionan, me golpean, me lanzan por los aires, y cuando se cansan y ya han abusado de mí me dejan tirado en cualquier parte; los adultos habitualmente ni se fijan en que existo, así que me suelen pisar o apartarme a otro rincón de un puntapié. No quiero ser más un muñeco, así que he pensado en convertirme en otra cosa. 

Hola de nuevo. He venido al taller de un buen artesano, pero no me preguntéis cómo. Le pido que me cambie, que me vuelva algo con lo que los impúberes no puedan jugar y que los adultos respeten y tomen en serio. 
  “Sé lo que quieres” me dice. Yo espero que sí. 
  El artesano me coge, me moldea con maña. Mi cuerpo está candente, noto como se retuerce, y eso me duele, pero supongo que es parte de la transformación. Ahora introduce una pieza de acero en mi nuevo cuerpo, un acero afilado y oscuro que se clava en mis entrañas. 
  Soy un cuchillo. Espero que todo me vaya mejor. 

Buenas, esta es la última vez que escribo. Me he convertido en un agente de la ira y eso conlleva varias cosas. Ahora, la sangre oxida mi hoja, mi arista se ha desgastado un poco tras mil peleas y mi mango está carcomido por los sudores nerviosos. A veces, me afilan con una piedra esmeril para hacerme más peligroso, y yo lloro chispas de fuego, pero no me importa. Mi vida no es la mejor, pero la gente ya no juega conmigo, los adultos no me pisotean. He pasado de ser un muñeco que divertía, a ser un arma que hiere, un agente de la ira. Agente de la ira... 
  Mi filo está romo, mi carcasa vacía. Soy un agente de la ira, para lo bueno y para lo malo también, mas... ¿mereció la pena?  


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