viernes, 9 de agosto de 2013

Nada Malo en el Exterior


Hubo una vez una agricultora dicharachera que cultivaba maíz en una luminosa parcela. La mujer se esmeraba mucho, mucho, mimando a sus mazorcas, de las cuales se sentía tan orgullosa... las regaba cada día, les procuraba palabras bondadosas para que crecieran con salud e incluso algunos días se llevaba su viejo violín y les tocaba una canción para animarlas:

- No hay nada malo en el exterior, amores,
ningún dolor, corazones, nada os aturulla.
Brillad con el sol, bailad con la lluvia,
nada malo hay en el exterior, amores.

  El mijo, por su parte, crecía alegre y dulce, feliz como sólo un vegetal puede ser. Todo era bondad en aquel mundo soleado, fresco y alegre.
  Un buen día, radiante y primoroso, la agricultora arrancó una mazorca, se la llevó a la boca y masticó los granos con ansiosa vehemencia. El maíz mascado viajó a la oscuridad del pozo de su aparato digestivo y se diluyó en el ácido de su estómago entre mudos alaridos de dolor. Y así con todas las mazorcas. Sin más.

FIN  

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