Debido a sus propias decisiones, estaba el chico solo, en una caverna tan lóbrega que nunca habría podido adivinar su profundidad. A sus pies, los pilares de roca en que se sostenía eran sólidos y macizos, pero estaban suspendidos de manera inestable en el aire. Por ello fue, que empezaron a caer.
Primeramente, se desplomó aquello que más quería, lo que más había amado. A este pilar central, inmediatamente le siguieron los demás, que se sustentaban en el primero: familia, esperanzas, deseos... todo se fue precipitando hacia aquella negra oscuridad. Lo último en caer, su propia percepción, le dejó solo, sin nada en lo que mantenerse. Aún así, no descendió. En su lugar, se quedó flotando en un limbo de sombras impenetrable del que no tenía idea alguna de cómo escapar.
De repente, una imagen surgió nítida ante sus tristes ojos. Como colgado de hilos invisibles, el mismo chico que era le miraba desde el otro lado de su reflejo, con una sonrisa descarada que él nunca había podido esbozar.
- Te odio- dijo él viéndose a sí mismo.
- ¿Sabes qué soy?- El chico no supo dar respuesta a esa pregunta. El reflejo prosiguió- ¿Cómo puedes odiarme sin conocerme?
El muchacho guardó silencio, pues realmente tenía razón. Veía que lo que había delante de él era su viva imagen, pero de algún modo nunca habría podido describir lo que guardaba esa fachada, al igual que no era capaz de describirse enteramente a sí mismo.
Viendo el efecto de sus palabras, el reflejo radicalizó su sonrisa.
- ¿Sabes qué soy?- repitió, y al no obtener respuesta, prosiguió-. Soy fuego.
Y al instante, su cuerpo estalló en una bola de calor y desapareció. Entonces, el chico lo comprendió.
- ¡AHHH!- gritó de manera áspera, desgarradora, desesperada, un grito rabioso y lleno de furia descontrolada. En seguida, su cuerpo también se hizo uno con las flamas.
La llama en la que se había convertido, entonces, se precipitó al vacío. Dolía tanto como si le arrancasen la piel, pero a la vez era tan luminosa que los secretos de su cueva fueron desvelados. Tocó el suelo, saltó contra las paredes y las reventó para salir al exterior. Era fuego. Fuego imparable, que destruye a su paso, que arrasa con todos. Fuego que ejecuta finales para grabar su propio camino en la tierra, un camino nuevo que acababa de empezar...
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