viernes, 20 de diciembre de 2013

Una Dichosa Navidad


La cuchilla cayó sobre la cara anterior de la muñeca de manera gélida, como los copos de nieve del exterior. Aún era de día, pero no en su corazón. Al chico no le costó localizar las venas, y ya tenía el filo a punto de surcar la piel cuando la ventana de su cuarto se abrió súbitamente.
- ¡Detente!- Una voz profunda y autoritaria, casi venerable, le interrumpió.
  Instantes después, una figura oronda y colorada entró volando en la habitación. Tenía una espesa barba blanca, mejillas globosas y sonrojadas y un característico gorro de gnomo acabado en una pompa de algodón blanca.
- ¿...Papá Noel?- preguntó el chico, extrañado.
- El mismo.
- ¿...y tus renos? Vienes volando tú.
- Se murieron el otro día.
- Oh.
- Gripe equina.
- Vaya. Lo siento.
- Tuve que sacrificar a Rudolf golpeándole con una pala en...
- Es suficiente.
- Escucha, chaval, he repasado tu historial, y no he visto que seas especialmente malo. Por eso he venido hoy aquí, para disuadirte de cometer una locura en Nochebuena.
- Te lo agradezco, pero tu ayuda llega un poco tarde. Mi novia me dejó hace meses y ahora está con otro: antes celebrábamos juntos la Navidad, y ahora mismo estará fornicando con él. Ligué en la disco hace poco, pero ni siquiera la llamé luego. He descubierto que no me interesa otra persona, lo cual concuerda con que no me guste mucho la gente, ya que me parece que el egoísmo es aún el primer mal del mundo, emparejado con la crueldad. No tengo amigos, ni nadie que me ayude, lo cual no me importaría si por lo menos fuera feliz. Pero, como no, pues me quito la vida y en paz. Ahora sólo me queda vencer este temblor de manos que me impide utilizar bien la cuchilla... en las pelis es más fácil, y ya si encima hay que cortarlas a lo largo, que es lo correcto...
  El muchacho volvió a colocar el filo con pulso trémulo.
- ¡Paraparapara!- insistió Papá Noel-. Te doy una oportunidad única, muchacho: te concederé en vivo el regalo que desees, a ver si así remontamos el vuelvo un poco, campeón. Dime, ¿hay alguna cosa que quieras?
- No. Ahora mismo no. No se me ocurre.
- Piensa.
- No sé... ¿la paz en el mundo?
- No puedo hacer eso. Soy Papá Noel, no Superman.
- Me decepcionas, Santa...
- ¡Tu puta madre!
- ...
- Perdona, es que odio que me llamen eso. ¿Sabes que “Santa” es femenino, y “San” masculino?
- Nunca me lo había planteado así.
- Bueno, es igual. Mi respuesta ha sido exagerada.- Papá Noel puso un segundo los ojos en blanco, pensativo-. Mira, en lugar de lo del regalo, haremos otra cosa: yo me daré una vuelta por los hogares y te traeré motivos para confiar de nuevo en la Navidad y la vida. No tardo nada. Espérame.- El hombre abrió la ventana. Ya tenía medio cuerpo en el exterior, cuando volvió la cabeza un momento-. Con las venas intactas.
  El chico asintió. Papá Noel cogió impulso y se alejó volando. 

La primera parada llevó al rojo personaje a la Calle Mayor de Madrid. Cientos de personas realizaban sus compras navideñas de última hora, embriagados por los puestos, el aroma a castañas y los anuncios de el Corte Inglés. Allí, secuestró a un joven en vaqueros y camisa rosa y le apartó lejos de la muchedumbre.
- Dime, chico, ¿te gusta la Navidad?
- ¡Pues claro! Es una época muy familiar y bonita.
- Me alegro, me alegro... cuéntame, ¿qué es lo que más te gusta?
- Pues que es una oportunidad para quedar con gente y celebrar algo importante todos juntos. Compañerismo, familia... ¡todo queda representado! Lo único malo, son los regalos.
  Papá Noel tenía bastante material, pero por si acaso siguió indagando.
- ¿Y eso? Explícate.
 - Pues verás, todos los años te tienes que romper la cabeza y gastarte un pastizal para hacer un buen regalo.
- Hm... ¿y no hay manera de hacerlo todo más barato? ¿Más íntimo?
- Para nada... si no das algo caro, quedas fatal, "súper-cutre". Una colonia, un polo de marca... yo a mi novia le regalé un collar el año pasado, pero éste... creo que paso. Ya me he gastado mazo, y no es que me sobre el dinero.
- Entonces, ¿qué harás con ella?
- Pues no hay otra solución más que romper. Es la época perfecta: así se puede buscar a otro en la fiesta de Nochevieja. Además, una chica de mi empresa me mira con unos ojitos... que vamos, este año nuevo, empezaré de estreno, jajaja.
  Papá Noel le miró contrariado.
- Ahora tengo que irme, que le voy a echar el de despedida. Jajajá. Suerte con su encuesta y feliz Navidad.
  El hombre se marchó, dejando tras de sí un amargo sabor de boca.

La segunda parada del viejo fue en una casita humilde de madera. Bajo el muérdago, un padre, una madre y su hijo, se habían adelantado al momento indicado y abrían los regalos que resguardaba el árbol.
  Entonces, Papá Noel irrumpió por la ventana.
- Buenas noches. Por favor, no se asusten por mi entrada, sólo quiero conversar con ustedes.
- No nos asustamos- se apresuró a explicar la madre-. El año pasado nos asaltaron los Reyes Magos.
- Mis archienemigos...- dijo Santa Claus con el puño apretado.
- ¿Qué se le ofrece, buen hombre?- preguntó el padre.
- Verán, es que este año ando haciendo algo nuevo por los demás, una encuesta. ¿Podrían explicarme qué es lo que más les gusta de la navidad?
  Los progenitores guardaron silencio un rato. Finalmente, tras mirarse unos instantes, entonaron a coro la respuesta.
- Los regalos.
- ¡¿Qué?!- se extrañó el hombre mágico.
- Ha oído bien, son los regalos- explicó la madre, que conforme veía la reacción que provocaba, se dio cuenta de que se requería de ella una explicación más detallada-. Pero por favor, no me malinterprete, no estoy hablando de su vertiente más consumista y degradada... me refiero al placer de tener un detalle, de regalar ilusión y otras cosas. El abrazo de agradecimiento de la familia, el sentimiento suscitado de recibir algo que no se esperaba, la sonrisa de un niño...- La mujer se volvió al crío-. ¿Verdad, "cielín"?
  El niño no respondió. Es más, apenas se había dado cuenta de la presencia de Papá Noel. Él sólo miraba sus regalos ávido, como un chacal ante un conejo herido. Sin embargo, al gordo personaje le complació la respuesta.
- Gracias, muy amables. No les robo más tiempo, por favor, dispénsenme. Dejad que el chaval abra sus regalos, yo me marcho. Feliz Navidad.
- ¡FELIZ NAVIDAD!- respondieron los padres a coro.
  Ya se estaba marchando el santo, cuando escuchó un grito enconado a su espalda.
- ¿QUÉ... ES... ESTO?
  El niño sujetaba un objeto de madera en sus manos.
- Una pistola para disparar gomas- explicó el padre-. De cuando yo era pequeño. Tu abuelo me la regaló, era mi juguete favorito. Ven, te enseño a cargarla.
- ¡NO QUIERO CARGARLA! ¡QUIERO UN "AYFON TACH"!- El niño tiró el juguete contra la pared.
- Pero cariño...- intervino la madre-. Este año estamos mal. La crisis...
- ¡TODOS MIS AMIGOS TIENEN UNO! ¡¡¡QUIERO UN "AYFON TACH"!!! ¡AAAAAAGHGHBLABLABLABLUBLULLELELELELELLEELELELHDHDHDUJKSKAGHHHHH...!- El niño empezó a echar espuma por la boca.
- Está bien, calma, haya paz- intervino el padre-. Te compraremos el "ayfon tach". Sólo habrá que apretarse un poco el cinturón...
- ¡Me habéis arruinado la navidad!
  El niño se fue corriendo a su cuarto enrabietado.
  Papá Noel quedó perplejo en el umbral de la ventana. De repente, los padres giraron la cabeza hacia él de manera cérea, como maniquíes o máquinas mal engrasadas. En su cara, reinaba una sonrisa maníaca y unos ojos desorbitados de autómata.
- ¿No se iba?- preguntó la madre. Su párpado derecho empezó a temblar.
- ...un placer.
  Papá Noel se tiró desde la ventana.

El santo gordo fue entonces a visitar a un anciano en su residencia. Se lo encontró en una silla plegable frente al televisor, solitario y rodeado de ese olor a enfermedad y orines tan característico de esos lugares.
- Todos mis amigos están muertos, nadie quiere venir a verme, me duelen hasta las cejas...
  Papá Noel se fue antes de intentarlo.

3:00 de la mañana. En la tele, los rancios especiales navideños aún retumbaban en el salón.
- Recordad amigos, que esta noche sincera es para disfrutarla, amarse los unos a los otros y ser felices...
  El chico suspiró. Miró la mano de su cuchilla, que era la que llevaba el reloj. Volvió a suspirar.
  De repente, la ventana se abrió de nuevo. Papá Noel entró.
- Perdón por la espera.- Y antes de dar tiempo a la respuesta, le tendió un regalo bien envuelto en su caja-. Toma.
  El chico miró a Papá Noel de arriba abajo. El anciano sonrió con sinceridad ante la mueca de contrariedad del joven.
- Ábrelo- le indicó cariñosamente.
  Tras una leve reticencia, el chico aceptó. Cuando vio lo que guardaba la caja, él también mostró una sonrisa.
- Muchas gracias... de verdad...- Las lágrimas empezaron a brotar.
- Sabía que te gustaría.
  El chico asintió. Luego, sacó la pistola y comprobó el cargador. Estaba lleno.
- Has pensado en todo- dijo el joven, colocándose el cañón dentro de la boca.
- Ten cuidado. Después voy yo.
  El chico asintió.
- Vgalef.
  Los villancicos sonaban a través del televisor.
- Eeeeeeeellllll, camiiiiiiiiinooooo que lllllleva aaa....
  ¡¡¡¡BANG!!!!

FIN




- Últimas noticias: recientemente se ha hallado el cadáver de un joven en el pantano. Los informes apunta a que, tras una acalorada discusión con su novia, salió del domicilio, y poco después fue estrangulado con lo que los expertos forenses creen que fue un cinturón talla XXL.
  ...más asuntos: un niño de 9 años ha sido hoy hospitalizado. El joven encontró debajo de su cama esta mañana un regalo. Al abrirlo, la cobra que esperaba dentro le dio quince mordiscos repartidos entre brazos, pecho y axilas. El pronóstico es regulero.
  En otro orden de cosas, hoy se ha registrado el trigésimo octavo suicidio navideño de este año, esta vez en una residencia de ancianos. Estos datos son desoladores, pero en nada comparables a lo que se esperan sean las cifras de Nochevieja.
  Y así concluimos nuestro avance. El equipo y un humilde servidor les deseamos una agradable velada, que no se pasen con la comida y una feliz navidad a los que la merezcan...

domingo, 8 de diciembre de 2013

Margo, el Genio Cabrón III: Especial Navidad.

Se acercaba una fecha tenazmente señalada: la Navidad, y nuestro carismático y psicopático genio tenía unos planes especiales.
- Esta época es dichosa, me apetece hacer algo novedoso- pensó Margo, pues hasta él tenía su corazoncito-. Embaucaré a un ser humano honrado y le pervertiré hasta destruirle.-...pero negro y retorcido.
  Con la intención de perpetrar su fin, buscó entre las almas de las personas alguna buena, pura y sana. Un tiempo largo le llevó, pero finalmente encontró a alguien de tan singular corazón: Juan Sincance se llamaba, y era alegre y bondadoso. Le tocó la lotería una vez, y todo lo que ganó lo invirtió en ONGs; se implicaba con cada causa que le rodeaba, entraba como voluntario a hogares de acogida y recogía la basura que otros tiraban; de cuánto dinero ganaba, empleaba el que no usaba en comer y sobrevivir para los más necesitados.
  Margo no dudó y se presentó ante él con gran premura.
- Saludos, joven amo. Soy el genio Margo, y le concederé un deseo. Cualquier cosa que quiera, sin impedimentos: fama, poder... algún capricho, por egoísta que sea, será satisfecho.
- Pero yo no tengo egoístas deseos- repuso el chico-. Siempre me he dicho a mí mismo que era buena persona...
- Si un hombre tiene que decirse qué es, es que no lo tiene muy claro- replicó Margo.
  Aquellas palabras despertaron en Juan una oleada de sentimientos. Del dinero podía prescindir por los demás, como había demostrado, pero... ¿y aquellas cosas que no se podían comprar? Por su mente desfilaron una oleada de ideas ambiciosas:  la inmortalidad, encontrar el amor de su vida, un ejército de gatos para dominar el mundo... todo a sus pies. Pero, justo cuando prácticamente tenía tomada la decisión, su boca se movió con la costumbre de una vida altruista.
- Es verdad, no lo tengo claro. Siento anhelos, avaricia y egoísmo en mi pecho. Pero no importa, porque un hombre no se define por lo que es, sino por lo que hace. Gracias, genio, gracias por haberme enseñado esta lección tan valiosa.- Y antes de dar la oportunidad de que le interrumpiera, prosiguió-. Deseo que se elimine todo rastro de maldad sobre la faz de la tierra.
  Margo, que no era ningún santo (ni ningún no asesino maníaco enfermo de maldad) le miró contrariado, ¿podría ese mocoso haberle derrotado? Rabia e ira le recorrieron al momento... aquel debía ser el fin de su divertimento... ¿o no?
  Tras pensarlo, el genio esbozó una pérfida sonrisa.
- Sea pues, como habéis ordenado.
  Margo desapareció tras un chasquido. Pero aquel hechizo no sólo afectó al genio, como Juan pudo después comprobar: sus padres y hermanos, amigos y allegados, políticos (esos los primeros), tiernos lactantes que ya tiraban de la cola a su perro o maliciosos payasos (esos los segundos), todos fueron eliminados. Finalmente, nadie quedó en el mundo excepto Juan Sincance.
  El chico se dio cuenta enseguida de lo que había provocado. La maldad es algo que no está en la naturaleza, algo que nosotros hemos creado. No hay persona sin la potencialidad de no obrar neutro... y nadie que no haya hecho algo malo.
  Juan paseó por el lugar desierto. Triste, tendría que resignarse a una vida de aislamiento. 

Su andadura llevo al chico a una cálida hierba donde se sentó abatido. El verde acariciaba su cuerpo, y ya estaba dejando que sus pensamientos sobre lo que había hecho se mecieran con el viento, cuando descubrió un cartel clavado en tierra a pocos pasos.
- Oh, oh...
  Juan desapareció tras un chasquido.
  Nada quedó en aquel lugar, excepto el aviso: prohibido pisar el césped.

Días después, desde Marte, Margo estaba aburrido. Destruir a toda la humanidad tenía su inconveniente después de todo: ya no había nadie a quien torturar.
  Cansado de su hastío, decidió crear un nuevo planeta y poblarlo con la gente que había hecho desaparecer de la tierra. Lo llamó: "el mundos". 
  Así, el orden de lo que debía ser se restableció y la maldad, finalmente, volvió...
.
.
.
    ... a Juan le resucitó con cáncer.

FIN

domingo, 24 de noviembre de 2013

Hecha a Mano

“Vivió una vez en la ciudad de Lyon, un anciano fabricante artesanal. Tenía una modesta tiendecita junto a los demás comercios de la calle, era amable y bondadoso, y todos le tenían en alto estima a él pero... pareciera que el mundo no estaba conforme con su trabajo.
  El artesano utilizaba materia prima de primera calidad: madera de pino que tallaba con cariño y dedicación, aceros inoxidables carentes de impurezas, cuerdas y sogas tan finas que parecían hechas con el cabello de los mismos ángeles mas... nadie reconocía su labor. En los largos años (muchos, en verdad) que llevaba trabajando en lo suyo, no había recibido ni una palabra de reconocimiento, de ánimo o de agradecimiento por parte de los usuarios de su producto. Nada.
  Un día en la taberna, se encontró con un viajero con el cual entabló una frugal amistad (por su personalidad natural al artesano le resultaba fácil conocer a otras personas). Tras un tiempo bebiendo juntos, acabó abriéndole su corazón.
- En verdad, estoy un poco cansado... aquellos para los que hago mi producto a mano nunca me agradecen nada, al contrario, casi me miran molestos y disgustados, les cuesta darle una oportunidad y no lo disfrutan. Mi trabajo y esfuerzo no son correspondidos, y eso para un artesano es lo peor que le puede ocurrir. Desagradecidos...
- Mi estimado y nuevo amigo- repuso el viajero-, sin ánimo de ofender, y asumiendo mi parte de ignorancia en este asunto, si algo he aprendido en mis múltiples andaduras a lo largo del mundo, es que la solución a los problemas no suele encontrarse exclusivamente en una parte del conflicto. Si con tu técnica no llegas, aunque te esmeres, a los corazones del resto, es posible que la causa no se encuentre sólo en sus pechos. Dime, buen artesano: ¿qué haces exactamente?
- Fabrico guillotinas.
- ...”

- ...y ésto, mamá, es más o menos lo que siento yo con tu comida.
  Tras la historia que le acaba de contar, la madre del chico le miró a la cara primero, luego al plato de sopa de algas que le había servido en la mesa y que él aún no había tocado. La mujer arqueó una ceja.
- Vale, hijo, lo he pillado.
- Genial.
- Esta noche no cenas.
- ...

FIN



Nota del autor: Dedicado a mi madre, inspiración constante, esmerada alma y mejor persona que cocinera.
Nota de mi madre: Esta noche no cena. 

jueves, 31 de octubre de 2013

333: Capítulo III. Final


Hállome aquí, a oscuras en mi habitación, escribiendo la última parte de esta minitrilogía especialmente preparada para Halloween. Espero que la disfrutéis en parte y que, al menos, os recorra un leve escalofrío por la espalda mientras la leéis.

“En los albores del inconsciente, se encuentra la verdadera razón del miedo...”

Las luces parpadeaban y el olor a humedad viciaba el ambiente al tiempo que un grifo lejano no cesaba su plúmbeo goteo. Para Nico, no había sido muy difícil entrar en el apartamento abandonado. El cordón policial apenas cubría una milésima del umbral de la entrada, y la puerta estaba bastante descolgada del marco.
  El chico encontró la estancia tal y como la había dejado su anterior inquilino. El humo de las llamas había marcado una mancha negra en el techo, justo en el sitio donde el exnovio de Jane exhaló su último aliento mientras se deshacía entre cenizas. No le fue difícil imaginarse los gritos, el dolor y el miedo. Sintió frío.
  Poco a poco, Nico recorrió el destartalado salón y examinó las habitaciones. A pesar del deficiente tendido eléctrico, consiguió abrirse paso en la semipenumbra. La casa estaba prácticamente vacía, sin muebles, ni ropa, ni objetos de valor, preparada sólo para estar un breve periodo de tiempo, la típica habitación del suicida que va allí sólo para no darles a sus padres el disgusto de encontrar su cadáver en el desayuno.
- Un patético considerado- pensó.
  Recorrió todas las salas, hasta llegar a la que habría sido la habitación del chico. La cama estaba desordenada tras meses sin hacerse. Fue hasta la mesilla, donde encontró una foto bajo la lamparita. Allí estaban él, el exnovio maldito, junto a una chica bastante simpática. Parecía reciente, y los dos se encontraba muy acaramelados.
- Qué raro...
  Nico leyó una frase escrita por detrás.
  “Hago lo que debo, pero no como hacer los deberes, sino feliz, alma. Gracias a ti.”
  Nico no entendió. ¿“Amor”? ¿Había tenido novia después de Jane? ¿Rehecho su vida? Según esotéricoehistórico.com, aquello no cuadraba con un odio capaz de crear al monstruo.
 Al mover el pie, el crujido de un folio llamó su atención. Descubrió que el suelo estaba repleto de hojas. Probablemente, se habían desperdigado por el viento desde el álbum que reposaba sobre la cama. Se agachó a recogerlas.
  Todos eran recortes de periódicos o fotocopias de casos de asesinatos. Todos ellos tenían un patrón común que a Nico le pareció desgarradoramente familiar. “Sin ojos”, “entre las 3 y las 4 de la madrugada”... El modus operandi que andaba buscando. Examinando mejor el contenido, encontró también una nota:
  “Voy a cargármelo, mi alma. Como sea, las llamas nos llevarán a los dos.”
  Nico siguió indagando, casi sin poder detenerse. Prácticamente detrás de cada recorte, había alguna anotación escrita de manera precipitada y temblorosa, algunas de las cuales no entendía del todo: “no abrir ojos”, “monstruo”, “3 al cubo”, “sombras a mi espalda”, “¿por qué?” y, sobre todo, una última que hizo que se le helara la sangre... “más antiguo”.
  De repente, sus pensamientos fueron interrumpidos por un súbito pitido. La alarma del reloj de su muñeca se había activado. Las 3:32. Tenía sólo un minuto, y su plan se había ido al traste.
  Nico cerró los ojos con fuerza y contó. 1, 2, 3... Su corazón se agitó. 15, 16, 17... El cuerpo le empezó a temblar. 33, 34, 35... Comenzaron los sudores fríos. El tiempo pasaba demasiado lento, pero también demasiado rápido. No sabía lo que esperaba, no sabía lo que prefería. Cuanto antes ocurriese mejor, pero... ojalá no fuese nunca. 54, 55, 56, 57, 58, 59...
  Lo primero que escuchó fueron los pasos. Los recordaba bien, los tenía presentes en cada pesadilla. Luego, el rasgar de las uñas contra el suelo, contra las paredes. Finalmente, esa respiración densa y agriada, pútrida, chocando contra su cara. El monstruo estaba a escasos milímetros, tanto que sus rostros casi se tocaban. Le lamió el cuello, le tocó la espalda, dio vueltas alrededor. A veces, dejaba de notar si estaba, pero siempre volvía a aparecer, a instarle a que abriese los ojos. Nico se mareaba.
  Pasaron los segundos más largos de su vida. El pecho le subía y le bajaba congestionado, al tiempo que el corazón trataba de horadar las costillas y salirse de su cuerpo. El monstruo seguía ahí, muy cerca, casi rozándole...
  Por fin, el tiempo pasó. Como cada noche, la realidad del ser dejó de dar señales de vida. Aún así, el chico no se confió. Siguió de pie en las sombras, luchando contra sus fuerzas. Las piernas le temblaban hasta la extenuación, y los músculos de la espalda se le agarrotaban.
  Aún no sabía bien hasta cuándo se retiraba del todo el monstruo, así que aguardó. Un minuto, dos, trece... siguió esperando pacientemente. Finalmente, abrió los ojos. Respiró aliviado. Estaba solo.
  Miró su reloj. Había pasado 20 minutos desde las 3:33. Parecía a salvo.
  Nico se agachó y recogió cuantos papeles pudo. Estaba decepcionado y desesperado, pero no podía rendirse. Su investigación de los orígenes del monstruo y de cómo derrotarle tenía que seguir su curso, debía hacerlo. No le quedaba otra opción si quería vencerle... ¡lo haría!.
  Una sombra enorme cayó ante los ojos de Nico. Al levantarse, vio una figura desnuda. Un cuerpo rosado, despellejado, cubierto de una capa mucosa y sanguinolenta. Su cara había desaparecido, y en su lugar decenas de ojos dispares le contemplaban.
  El chico bajó los párpados con rapidez, pero ya había visto su cara. Y lo último que vio del monstruo, fueron sus garras.
  La noche se tiñó de rojo con el grito desgarrador de Nico. La sangre empapó las paredes, la cama y hasta el techo, ventanas, lámpara y, por último, los recortes. Las gotas diluyeron pronto el contenido de la investigación: “entre las 3 y las 4”, “3 al cubo” y, por último, “más antiguo”...

Bueno, y esto es todo. Deseo de verdad que os haya gustado. Feliz noche a quienes puedan y merezcan disfrutarla, pero antes, permitidme un pequeño consejo: la sugestión es un tema serio, y más sabiendo que nosotros creamos aquello en lo que creemos, así que recordad, cuidado con esos monstruos a los que les damos el poder de existi

martes, 29 de octubre de 2013

333: Capítulo II


En la oscuridad, como siempre. Notó la caricia húmeda y cálida en la mejilla, el tacto superfluo de las garras recorriendo su pecho, su estómago, su cuello... en la oscuridad, sólo el aliento del monstruo se escuchaba... cerca de su oído, pegado a la piel... en la oscuridad sólo temblaba, y no tenía a dónde correr...

Nico tecleaba en el ordenador de la biblioteca pública con trémulos dedos. Sus ojos bailoteaban inconsistentemente dentro de sus cuencas, oscurecidos y sombríos por el cansancio; su aspecto demacrado revelaba lo tortuoso de su actual existencia, un rostro lívido, pelo despeinado y hedor descuidado. Llevaba días sin dormir, temeroso del monstruo.
  Bien coordinado, cada noche se presentaba a la hora señalada. 333. Le hostigaba, le molestaba para que abriera los ojos, pero Nico siempre se negaba. La imagen de cómo se encontró al amanecer de la noche en que todo comenzó a la dulce Jane aún le atormentaba. Todo lo hermosa que fue su cara, tanto así de demacrada se la encontró, completamente hueca, vaciada por las temibles garras de la bestia como una calabaza, envuelta en sangre...
  Había huido de la casa. Como debía hacer. Sus huellas, su semen, todo estaba allí... le acusarían y le encerrarían donde no pudiera escapar del monstruo, donde no fuera posible pelear. Y Nico era un luchador.
  Desde que marchara, se había refugiado en un motel de carretera, y pasaba las horas diurnas que no dormía a duras penas encerrado en la biblioteca pública investigando... batallando a su manera. Solamente tenía una pista: el exnovio de Jane. Encontrar su rastro no fue algo difícil, y ya le había dejado varios mensajes en cuentas públicas, pero ninguna había sido correspondida. Tan fácil como revelador fue encontrar su blog. Y en eso se basaba su actual investigación. Aquel muchacho estaba obsesionado con el 3.
  “3 meses tardó en olvidarme”, “Éramos 2, ahora hay un tercero”, “Las 3 taiciones”... su obsesión enfermiza se reflejaba en cada entrada de su blog, tristes, desgarradas y no muy bien escritas. Estaba claro que nunca llegó a superar la ruptura. “Pobre infeliz”, pensó Nico, “ni talento tenía...”.
  Buscó en las páginas amarillas su contacto, alguna referencia, pero nada... hasta que dio con la respuesta que buscaba en los periódicos:
  “Martes, 31 de Julio: encontrado el cadáver carbonizado de un joven en un apartamento a las afueras de la ciudad. El chico, de 22 años de edad, al parecer se habría prendido fuego en...”
  Suicidio. La fecha no le sorprendió: 3 meses antes de Halloween, la noche en que todo empezó.
  A continuación, miró en archivos, informaciones de las más marginales revistas sobre esoterismo, pues no había otra explicación posible. Recogió datos sobre rencores y rabias profundas como los que expresaba en su blog, y todas ellas llevaban a una conclusión. Los sentimientos humanos son una energía, que ni se crea ni se destruye. Cuando alguien muere lleno de odio, ésta se transforma en monstruo y se transfiere a quienes despertaron su ira.
  Si las películas que de tan mala gana había visto en el pasado le habían enseñado algo, fue en ese momento cuando se materializó en su conciencia. Nico supo lo que tenía que hacer. Enfrentarse al ser cara a cara donde tuvo su origen el nacimiento del monstruo. Eso era lo que decía la ficción. Estaba desesperado, y tampoco le quedaba opción.

En la oscuridad, como siempre, el hálito mortal ya paseaba ante su cara...
- Te venceré- por primera vez, Nico se atrevió a susurrarle a las sombras. 


Continuará...

sábado, 26 de octubre de 2013

333: Capítulo I


-...me contaron hace tiempo una historia- relataba Jane, tumbada de lado, con su cuerpo desnudo envuelto entre las sábanas-, una historia sobre un monstruo que se presenta siempre a la misma hora: las 3:33 de la mañana. No tiene rostro, pero sí unas uñas afiladas y cóncavas como cucharas alargadas. Normalmente no ocurre nada, porque estamos dormidos, pero si entra en tu habitación y estás despierto, hará lo que sea por llamar tu atención y hacerte abrir los ojos. En ese momento, en la misma oscuridad de tu cuarto, te los saca y se los come. Siempre, a las 3:33 de la mañana...
  La chica acabó la frase arrastrando la última palabra para darle a la historia de un halo de misterio. 
- ¿Quién te la contó?- preguntó Nico, mirándola de frente, también cubriendo su desnudez con la tela.
- Fue mi ex. Le gustaba mucho inventarse cosas.
  Nico la miró ceñudo. Casi nunca le mencionaba, pero cuando ella lo hacía sus ojos se apagaban tristemente. Estaba seguro de que no le amaba, y probablemente nunca lo hubiera hecho en serio. Tal vez por eso se sintiera culpable por haberle dañado tanto sin necesidad. En el fondo, era una buena persona. 
- Ese tío sólo te lo decía para acojonarte- respondió él, tajante-. Lo mismo por lo que me lo cuentas a mí, para asustarme. Porque hoy es Halloween. 
  Ella esbozó una sonrisa burlesca. 
- Es posible...
  Nico le devolvió la mueca antes de echar todo su cuerpo sobre el de ella.

La noche era agradable y cómoda para los amantes. Envueltos entre las suaves y cálidas mantas, ya con el pijama puesto tras una sesión de sexo, los cuerpos reposaban uno junto a otro a lo ancho del colchón. Sin embargo, Nico estaba intranquilo. 
- Maldita zorra... ¿por qué me habrá contado esa historia, si sabe que no me gustan?- pensaba.
  Aquella noche habían bebido, salido de fiesta y después bebido más en casa, pero eso no le importaba. Aguantaba bien el alcohol, y muchas veces había llegado a usarlo como relajante nervioso antes de dormir. Lo que no soportaba eran las historias de miedo. Ella lo sabía, y aún así insistía en asustarle como si fuera una broma, con esa jovialidad infantil tan característica suya. 
- Puta de mierda... te decía yo dónde iba a mandar tu jodido humor retorcido si no estuvieses tan buena... 
  No sabía qué hora era, pero sí calculó que la noche debía de estar bien avanzada, y él aún no había  podido conciliar el sueño. Eso le cabreó más. 
  Le daba vueltas a esos venenosos pensamientos, cuando notó una caricia suave y dulce en su pecho. Por instinto, giró sobre su eje y abrazó a la chica. Luego, notó la saliva cálida de una lengüecita junto a su mejilla. 
- ¿Estás juguetona...?- le susurró al oído a Jane, ahora de mejor humor.
- ¿Mm?- fue lo que respondió la chica.
- Sabes que dos veces en una noche no puedo- comenzó Nico, rodeando su cuerpo y apretando sus brazos contra los suyos. Si lo hacía bien, todavía podía dormirse tras una mamada-. Pero hay otras maneras de usar la lengua para despertar a la bestia...
- Nic... ¿qué dices?- preguntó Jane. 
  Entonces, el chico notó una nueva caricia, justo donde había sentido la baba. El chico soltó de inmediato los brazos de su novia y se colocó boca arriba, rígido como una estatua, con los ojos tan fuertemente cerrados que le dolieron las sienes. Lo que quiera que le estuviera acariciando, dejó de hacerlo repentinamente.
- Nic, ¿qué...? ¿Nic? ¡AAAAHHH!
  Los gritos de Jane regaron la habitación como el agua de un aspersor. 
- ¡Socorro Nic! ¡Ayuda! ¡AAAAAAAH!
  Nico no abrió los ojos. Siguió quieto cual cadáver, conteniendo incluso la respiración. Temblaba de pies a cabeza, tanto que sus músculos se empezaron a tensar como los cables de un ascensor. Tuvo que morderse la lengua para no gritar y su vejiga se vació con un doloroso escozor en el glande. 
  A su lado, Jane pataleaba y daba saltos espasmódicos en la cama. No era una broma, pero no podía estar pasando. La chica le arañó el brazo entre gritos de dolor, y él apretó su mano como consuelo y para que no le hiciera daño. 
- ¡NIC! ¡NIC!- Jane no paraba de gritar. 
  La sangre empezó a filtrarse en el colchón como si fuese una esponja. Nico lloró hasta que las lágrimas rebosaron a través de sus párpados cuales embalses desbordados. 
  Tras unos segundos más de agonía, la chica finalmente dejó de moverse y todo quedó en silencio. Pero Nico no se relajó. Siguió en la oscuridad, temblando y sollozando. Horas después, con el meñique de su mano izquierda se atrevió a acariciar el muslo de Jane, que ya no respondió...


Continuará... 




martes, 15 de octubre de 2013

Jartimel (parodia de actimel)

Rosa, Josefa y Eusebia son casi tres viejacas en continua pugna entre mantener la vitalidad y aprender a jugar al mus. Pasión, romance y acción en esta parodia del popular y pésimo anuncio original.

http://www.youtube.com/watch?v=ug4AfOw3ORw&list=LL3NPnTanWX3UNcGajr6PFmQ&feature=mh_lolz


Recuerden darle a pulgar arriba si les gustó.

lunes, 7 de octubre de 2013

El Rabo Fantasma


Hubo una vez una lagartija que perdió su rabo y no sabía dónde estaba. Recordaba que era largo y esbelto, juguetón y gracioso, y llenaba su vida de alegría. Fue por eso que cuando lo extravió, entró en una terrible depresión. Ya no estaba ahí, no podía contar con él para nada, nunca más compartirían su vida. Además, su recuerdo le atormentaba, pues como quien pierde un brazo, era ahora un miembro fantasma, y le picaba y dolía, pero no podía calmarlo porque, en realidad, no estaba. 
  Un día, después de tomar el sol (el cual ya no le calmaba, no le daba candor), fue a pedirle ayuda a un búho medianamente sabio. 
- Esas cosas se pasan, no te preocupes- respondió el ave como si fuera una menudencia. 
- No comprendes mi dolor. Para ti nunca estuvo, pero yo siempre viví con mi rabo. Es demasiado duro adaptarse a que te falte algo que hasta hace poco había llenado tu vida... 
- Noo tee preocupess- insistió el búho arrastrando las palabras. Luego, intentó comérsela. Porque era un búho. La lagartija se salvó por las escamas.
  Los días siguieron pasando, y el desdichado reptil no mejoraba. Los picores y dolores se sucedían a cada instante en cuanto pensaba en la ausencia, y en esos momentos nada ni nadie le aliviaba. 
  Pero, con el tiempo, aprendió a asumirlo y afrontarlo, a encarar el hecho de que ese rabo ya no estuviera allí y nunca volvería y, poco a poco, los picores desaparecieron... pero sin dejar de estar. El recuerdo, la vida fantasma que de algún modo persistía continuaba allí pero, por otro lado, llegó a aceptarlo como parte de su nueva historia y dejó de molestarle. 
  Un buen día, despertó con rabo. El nuevo apéndice que había crecido coleaba vibrante y emocionado. No era su antigua cola, pero también podía hacerle feliz, pensó, aunque no estaba segura...
  Algo más contenta, la lagartija fue con el búho a agradecerle su sabiduría (no era la lagartija más lista del mundo...) 
- Tenías razón búho: al final el preocuparme sólo empeoraba las cosas y, cuando dejé de hacerlo, éstas se solucionaron solas. 
- Sssí...- dijo el búho, relamiéndose con gula. 
  Entonces, un cocodrilo pasó a la carrera y se comió a los dos (sorpresa). 

No te preocupes por una pérdida irreparable, porque hasta aquello que más profundamente formó parte de ti puede crecer de nuevo. Preocúpate de los cocodrilos.

FIN

lunes, 30 de septiembre de 2013

Depresión


Vivió de verdad hace mucho tiempo ya, un cochecito de juguete. Era rojo como el fuego, con chasis de latón y pasaba todo el día triscando, riendo y viajando dichoso por la mesa de una juguetería. Porque era inconsciente, se daba que era feliz. Pero la venda que cubre los ojos infantiles no se sostiene siempre, y aquel cochecito la perdió muy pronto... y se odiaba, y no le gustaba el mundo, ya nada tenía luz, y empezó a sentirse mal, como si fuera invadido por parásitos que desde dentro le devoraban, a no tener ganas de moverse ni hacer nada, a carecer de ánimos y, por último, lo que le faltaron fueron las fuerzas. 
  Tirado y desprovisto casi de vida se lo encontró una juguetera, que le ofreció su ayuda. El cochecito no tenía nada que perder, así que aceptó. Aquella mujer le fabrico una llave y se la insertó. Con ella, podría darle cuerda y así seguir rodando, pero con una condición: no había de salirse de los raíles marcados, porque si no caería por el borde de la mesa y moriría. 
  El cochecito empezó su nueva condición lleno de ilusión y esperanza, pero sólo duró un rato. En cuanto alguien le daba cuerda, empezaba a moverse con mucha energía repentina, pero cuando ésta estaba a punto de agotarse, de nuevo se detenía y su cuerpo se oxidaba. Además, se dio cuenta de que el impulso que recibía sólo le insuflaba mecánicos movimientos casi involuntarios, ciego ímpetu de seguir adelante pero... ¿quería? Aquellos raíles no le gustaban, la pintura se pegaba a sus llantas y él se sentía sucio y se asqueaba. Además, la meta que sus faros le enseñaban no le gustaba, la odiaba y la despreciaba. Dándose cuerda de vez en vez sabía que siempre podría seguir adelante pero... no quería.
  Un día, harto de su alienante vida, el cochecito salió de los raíles, desapareció de la vista de aquellos que le daban cuerda, y ya nunca se volvió a saber de él en este mundo. 
  No se puede decir que desde entonces fuera feliz pero, desde luego, dejó de sufrir. 

POR FIN

jueves, 26 de septiembre de 2013

Corazón Cubierto de Escarcha

El chico contó al menos dos docenas de hombres que se miraban los unos a los otros extrañados. Altos, apuestos y fuertes en su mayoría, algunos maquillados como si fueran vampiros, otros con las cabezas rapadas y cubiertos de tatuajes. Y, en mitad de ellos, estaba él. 
  Ninguno de ellos daba muestras de saber qué hacía en la extraña antesala de aquel castillo de hielo, de un blanco azulado que recordaba a la luna. Estaba coronada por un reloj de pared de proporciones descomunales cuyas manecillas azul eléctrico marcaban la 1:49. Tampoco sabían cómo habían llegado a ponerse todos aquellas armadura. El chico acarició el cinto hasta que sus dedos rozaron la empuñadura de su espada. Se estremeció. 
  Entonces, en el enorme reloj surgió la imagen nítida y clara de una mujer. 
- ¡Ella!- pensó el chico. Su amor platónico, aquella a la que nunca había conseguido alcanzar en vida... fue entonces cuando se percató. Allí estaban todos: Carlo, su novio de segundo; Piero, con el que se había liado la noche de graduación; Fígaro, aquél que le dio su primer beso... personas que él conocía muy bien por haberlas estado observando, por haber muerto de envidia y celos mientras disfrutaban de lo único que él había anhelado siempre y nunca había sido digno de alcanzar.
- Me muero...- dijo la voz de la chica en un susurro trémulo, que sin embargo se amplificó y corrió por toda la sala como caballos desbocados-. Estoy cubierta de hielo en este palacio de escarcha. En diez minutos, mi cuerpo habrá acabado de congelarse y morirá. Sólo uno de vosotros puede salvarme. Por ello, he organizado este torneo: aquel que más lo desee, vendrá a por mí y me rescatará de esta helada prisión. ¿Quién lo logrará? ¿Quién será lo bastante fuerte para convertirse en mi héroe...?
  La grabación se detuvo, y el reloj volvió a marcar la hora. El chico se fijó mejor en la base. Inmersa en la estructura, el fino cuerpo de la chica reposaba en su helada prisión. Aún desde esa distancia, su larga melena era fascinante; sus facciones tan níveas, tan hermosas, que cortaban más la respiración que el propio frío; y sus ojos, brillantes y perfectos, contemplaban la escena mudamente. Eso fue lo que pensó... hasta que vio el destello acercarse a por la derecha. 
  Con reflejos de roedor, pudo esquivar el tajo ascendente que Michito, el novio que la chica tuvo en cuarto, le había lanzado a la cara. El ataque fue demasiado apasionado, y el cuerpo del agresor quedó desprotegido mientras trataba de mantener el equilibrio. El chico lo utilizó en su favor: desenvainó su propia espada. Era muy pesada y le costó domarla, pero finalmente consiguió hundirla en las costillas del joven. La sangre salió del tórax como una fuente y le bañó hasta los tobillos, preservando su calor. Una vez el cuerpo hubo dejado de convulsionarse, el chico extrajo su arma y contempló la escena, que se había vuelto de un rojo dantesco: todos los hombres luchaban entre sí aviesamente, intercambiando golpes con furia y fuego. Algunos pedían clemencia, esos eran los primeros en morir. Otros luchaban con rabia e ira egoísta, llevándose por delante a cualquiera que fuera escoria como ellos. Él no iba a permitir que ninguno de aquellos la consiguiera de nuevo. 
  Entrando firmemente en la batalla, espero a que uno de los lances más cercanos acabara para acuchillar por la espalda a su exhausto vencedor. No hay honor. Siguió abriéndose paso entre la masacre, hasta que de nuevo alguien intentó golpearle en el pecho. Del mismo modo que antes, esquivó el ataque, para esta vez insertar la punta de su arma en la base de la garganta de Carlo. Entre cuerpos agonizantes que se vaciaban como globos de agua pinchados, siguió avanzando. 
  Uno a uno, todos los pretendientes fueron cayendo. A pesar de sus desventajas, el chico sobrevivía evitando los combates directos con innoble argucia, rematando a los extenuados y aprovechando su don para ser invisible en su propio beneficio. Pero sabía que aquello no duraría... y así fue. 
  Finalmente, sólo quedaban dos en pie. El chico no se sorprendió del todo, aunque sí maldijo para sí que su último oponente hubiera sido aquél. Esteban. Su mejor amigo de la infancia. Al igual que él, ninguno había logrado aún lo que en sus sueños tantas veces habían fantaseado. Más sociable, encantador y atractivo, Esteban siempre había estado más cerca de conseguirlo debido a su gracia natural. Antiguamente habían sido amigos... hasta la competencia desleal que levantó un muro insalvable entre ambos. 
  Los finalistas se pusieron en guardia a la vez. El chico vio que la espada de su contrincante estaba impecable, así como su armadura. No le extrañó que hubiese estado toda la batalla escondido, esperando el momento apropiado cual serpiente. De repente, empezó a sentirse cansado. 
- Sin rencores- dijo Esteban, mientras afloraba una sonrisa en su inmaculado rostro. 
  Ambos empezaron su último duelo. Al principio, Esteban no dominaba bien su arma, pero pronto se hizo con ella. Sus golpes eran francos y poderosos, llenos de fuerza bien controlada. Por su parte, el chico sólo se defendía. La escasa experiencia que había adquirido de poco le servía si sus delgados músculos casi no respondían ya. A la desesperada, apenas alcanzaba a colocar su espada entre medias, que salpicaba heridas de chispas.  
  El tiempo se agotaba, y únicamente se dedicaba a recibir los duros impactos con torpeza. No había otro desenlace, uno de los dos tenía que morir... o ambos. 
  Aprovechando el retroceso de uno de los golpes de su contrincante, el chico dio un paso atrás, descubriendo su guardia. Esteban miró su cuerpo como si se tratara de un muñeco desprovisto de vida, un objeto vacío, y embistió con todas sus fuerzas. En el último momento, el chico desvió la hoja con su propia mano. La punta atravesó los tendones de sus dedos y viajó hasta su abdomen, con tal resuello que atravesó la armadura y se alojó en la carne hasta la mitad de la hoja. El chico dejó escapar un gemido sanguinolento, sintiendo cómo el aire salía de su cuerpo y espumarajos de sangre se escapaban de entre sus labios. Esteban sonrió. 
- Uno de los dos tenía que morir...- se justificó. 
  El chico dejó ver unos dientes carmesí. 
- Sin rencores. 
  Levantó la espada. Cuando Esteban intentó retroceder, se dio cuenta de dos cosas: su mandoble había entrado demasiado en la vaina de carne, y su mano estaba anquilosada en torno a la empuñadura. Cuando consiguió soltarla, ya era demasiado tarde. 
  Con todo el peso de su brazo, el chico cruzó el cuerpo de su antiguo amigo desde el hombro hasta la segunda costilla. La cara de Esteban se salpicó de rojo como si le hubiera estallado una bolsita de ketchup cerca. Luego, dejó caer el cuerpo, con esa expresión de miedo incrustada tan profundamente como su arma. 
  Entre gemidos de esfuerzo y partido por el dolor, el chico se arrancó el metal del cuerpo y lo echó a un lado. Sus piernas apenas le respondían y estuvo a punto de caer al suelo. La sangre brotaba de la herida como si él mismo se estuviera derritiendo. La apretó con su mano enguantada. Miró el reloj. 1:58
  Con gran esfuerzo y dolor, se obligó a llegar hasta las escaleras cristalinas que conducían a la base del reloj, surcando un océano de muerte. Destripados, decapitados, con heridas mortales abiertas en cualquier parte de su cuerpo, los antiguos conquistadores le vieron pasar por encima de ellos con fríos ojos inexpresivos. 
  Finalmente, llegó. Allí estaba ella... la chica de sus desvelos, a quien había estado observando en silencio en sus tratos, por la que velaba mientras daba su amor a otros, aquella a la que había querido cuidar, proteger y ver feliz para siempre, mientras que donaba sus piernas a los hombres muertos que había dejado a su espalda, y aún así lo más precioso que había conocido...
  Desde el otro lado del hielo, la chica respondió a su llegada. Con ojos deslumbrantes y esperanzados, esbozó una sonrisa llena de dulzura. El chico creyó percibir cómo su espíritu era cálidamente abrazado por unas manos bien torneadas, como de un ángel. Luego, la escupió a la cara. 
  El gesto de la chica dio un vuelco radical, siendo entonces una efigie de miedo y horror. Sangre y saliva resbalaron frente a sus ojos nublados, difuminando la última imagen que la joven tuvo del chico, dando media vuelta y dejándola atrás para siempre. 
  Mientras pisaba los cuerpos de los pretendientes, el chico aún tuvo tiempo de reflexionar. El amor le había llevado a aquel castillo de hielo y sangre, pero había sido el odio el que le había hecho llegar tan lejos. Cojeó cuanto pudo, presionando su herida. Mientras, el cuerpo de la chica se abotargó y se puso morado. Las lágrimas empezaron a brotar, pero se congelaban inmediatamente y le hacían cortes en los ojos. Finalmente, su corazón helado se paró, consumiéndose su vida del todo.
  Por su parte, él caminó unos metros más, dejando huellas de sangre, hasta que no pudo con su propio peso y se desplomó para no volverse a levantar. Mas lo hizo con una sonrisa helada de satisfacción personal.

FIN 

 

martes, 17 de septiembre de 2013

El Mundo Que Hemos Creado II: La Magia Está Muerta


- La quiero tanto...- pensaba Marco. Mientras se follaba a otra. 
  Llevaba años prendado de una chica que vivía a 500 km de distancia. El espacio era tan real como la muerte, así que había asumido que no podría tenerla nunca. Por ello, ahora se encontraba enredado en las piernas de otra, a la cual, como a una puta, había pagado con frases manidas y estereotipadas, chistes vacíos y reciclados y un cuerpo ancho y alto que invitaba al revolcón. Ella, por su parte, se llamaba Tata, y también había comprado a Marco por el precio de un puto, pero mucho más barato: tan sólo un par de bailoteos habían sido necesarios para tenerle ávido de sexo detrás de ella. A ella en realidad le gustaba Román, un chico de familia acomodada que nunca se había fijado en ella hasta la fecha. 
  Marco y Tata estaban muertos, pero entre orgasmo y orgasmo no lo notaban. Y no eran los únicos. 
  Ya no hay magia en este mundo, hace tiempo que se fue. Los romances clásicos y verdaderos, los cuentos de hadas no tienen poder aquí, y por eso vencen en los libros y la ficción, donde nos refugiamos para eludir la penosa realidad. Pero somos tontos porque... ¿no creamos nosotros nuestro mundo, tal y como escribimos cuentos? 
  ¿Es tarde? ¿Ya todo da igual? Los insectos que polinizan varias flores triunfan, aquellos seres capaces de intentar quedar con una persona por teléfono mientras tontean con otra en vivo. Abanico de posibilidades depravadas. Los que no han aceptado esto, pronto lo harán, porque sino sólo les aguarda soledad, celos y dolor. Destruimos la magia, la masacramos aceptando realidades que no preferimos porque son más fáciles, mejores, pero sólo dentro de la conformidad de aquellas posibilidades a las que aspiramos a corto plazo. El amor está tan muerto como una paloma a la que recubrimos de fango, sólo hay conveniencia y vacuidad, y preferimos eso a dejarnos la vida persiguiendo a la persona deseada, a soñar, a vivir en serio aunque duela... Asco. 
  Supongo lo impopular que será esta entrada. No me importa. Hemos destruido la magia. Nos lo merecemos, porque este es el mundo que hemos creado. 

FIN


...por cierto: al final Marco dejó embarazada a Tata. Que se jodan. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

El Mundo que Hemos Creado I

Estaba una chica con 23 años y 115 kg llorando desconsolada, sentada en el banco de un parque. Entre sollozo y sollozo, se le acercó un joven desinteresado que había salido a pasear un rato. 
- ¿Por qué lloras, si no es indiscreción?- preguntó él. 
- Porque estoy gorda, muy muy gorda, y yo... ya no puedo soportarlo. La sociedad me mira mal. ¿Sabes? Nunca me ha entrado un chico en la discoteca, además.
- Oh.- El chico se quedó unos segundos pensativo-. ¿Y tú? ¿Has entrado alguna vez a un chico en la discoteca?
  Ella le miró sorprendida. 
- Es que las cosas no son así: las chicas no entran a los chicos. 
  Él la sonrió con amargura. 
- Si aceptas eso, entonces acepta que las cosas tampoco son de la otra forma: en la disco, los chicos no ligan con gordas. 

"Nos quejamos de las convenciones sociales siempre que nos interesa, cuando somos nosotros los que las creamos y perpetramos."

lunes, 2 de septiembre de 2013

Cual Piscina sin Antialgas: Negra


Desde que sus padres se separaran, la vida de Jeremías no había vuelto a ser la misma. La pensión que su padre les pasaba a su madre y a él apenas les daba para pagar el alquiler del paupérrimo apartamento que se podían permitir, así que el chico había dejado sus estudios (tenía lo que en la actualidad es un brillante futuro por delante: con 22 años, en tercero de la ESO, y sólo 7 asignaturas por recuperar. Las mejores notas de su clase) y emplearse en trabajos de dudosa monta...
  Ser socorrista de la urbanización de Somosaceite era el mejor oficio que podría haber logrado el joven: como carecía de amigos, tenía mucho tiempo libre; y como era cocainómano, podía pasarse horas sentado sin hacer nada mientras el tiempo pasaba a toda velocidad ante sus ojos. Abrir los candados de la piscina, hacer como que pasaba el limpiafondos, recoger cuatro hojas superfluas y vigilar que la depuradora no explotara eran tareas a las cuales tenía que enfrentarse diariamente, pero ninguna le sacaba más de quicio como una en  particular... 
- No corras por el bordillo... no corras por el bordillo... no corras por el bordillo....
  ...NIÑÑÑÑOSSSSS.
  En aquel momento, uno de esos pequeños seres estaba especialmente molesto. “Nani”, se hacía llamar. Llevaba todo el día dando vueltas por la piscina sin detenerse si quiera un segundo. Jeremías se preguntó si era humano. Aunque aquella no era la única contraindicación que había adoptado aquel elemento: salpicaba a la gente, se lanzaba al agua de manera peligrosa y a menudo se traía una especie de canicas con las que agredía a las personas. 
- Qué valiente es... y qué listo...- dijo una vez un vecino, el señor Adolf, con uno de aquellos proyectiles incrustado en la nuca. El señor Adolf había participado en una guerra y, aunque nunca confesaba cuál, sí que relataba de manera extensa las torturas a las cuales le habían sometido (golpes con rastrillo, electrodos en los genitales, depilación con pelapatatas, electrodos en los genitales, limón en las heridas, desfibriladores en los genitales...), pero nada de lo que vivió en aquella época le había preparado para Nani. Hicieron falta seis horas de neurocirugía hasta que le extrajeron la canica, y desde entonces nunca fue el mismo. Cosas de críos. 
  En aquel momento, Jeremías estaba lo suficientemente cansado de que el chico le ignorara como para ponerse sus gafas de realidad inducida, que era como llamaba a las gafas de sol que usaba para dormirse sin que los vecinos se dieran cuentan. Así que, se las puso, se recostó en su silla de plasticucho, que debía de ser como las que Satanás pone en el infierno para los condenados, y se sumió en la oscuridad de su mente...
- Sólo dos semanas para cobrar, sólo dos semanas para cobrar, sólo dos semanas para cobrar...- pensaba.
  ... de repente, notó algo frío y húmedo que le bajaba por la pantorrilla. 
- Que sea una babosa, que sea una babosa, que sea una babosa... 
  Pero, como en el 80% de veces que sientes algo en una piscina, era agua. 
  Cuando Jeremías abrió los ojos, se encontró a Nani frente a él, con su macabra sonrisa desdentada y un hilillo de baba cayendo de sus labios. 
- Me has escupido agua, ¿a que sí?
  Nani radicalizó su sonrisa. 
- Oh... qué mono- dijo desde su tumbona la señora Stravinsky, otra residente, que aquella tarde había sido la encargada de bajar a los niños y desentenderse de ellos sólo un poco menos de lo que lo hacían los otros padres. La mujer era tan gorda que podría almacenar varios nidos de cuco bajo las lorzas de su abdomen. Regentaba una tienda de dulces, y Jeremías siempre se planteaba si todas las piruletas que les daba a la chavalería no eran ni un tercio de las que se comía ella a diario. 
  Aquella tarde apenas había bañistas, pero, aunque los hubiese habido, los cables del torturado cerebro de Jeremías ya se habían enmarañado demasiado como para frenarle. 
- Eh, Nani, escucha: ¿quieres que te enseñe algo muy divertido?

El cuarto de la depuradora era obscuro y ruidoso. Estaba metido bajo tierra cual búnker, y se accedía a él desde el exterior por una escalerilla resbaladiza y oxidada. Apestaba a cloro, que rezumaba de todas las fugas (y cuya inhalación le había dado a Jeremías un 95% de papeletas para ganar el sorteo de cáncer de pulmón de la vida). Allí, además de los pesados aparatos y palancas para controlar los skimmers, el nivel de agua y el pH, también guardaban cepillos, el limpiafondos y varios botes de antialgas, casi todo muy venenoso.  
  Aunque no fuera un lugar apropiado para niños, Jeremías había conseguido llevar dentro a Nani para enseñarle un juego súperdivertido que llamó: "el escondite extremo". 
  Una vez allí, el niño empezó a tocarlo todo. 
- ¿Para qué es esto?- dijo, tocando el contador de agua- ¿y esto?- Abrió los skimmers- ¿y esto?- Pulsó el botón de autodestrucción de la piscina (Jeremías nunca entendió la utilidad de este pulsador).
  El socorrista deshacía con paciencia todas las modificaciones que el crío hacía, hasta que Nani se topó con un palo largo de hierro. 
- El palo de chupar la caca del fondo- dijo el niño. 
- Sí- respondió Jeremías. 
- ... el que te clavé en el ojo la semana pasada.
  Jeremías cogió el tubo y empaló a Nani desde la boca hasta la columna como si fuera un pollo asado, lo cual le pareció una bonita metáfora del "ojo por ojo, diente por diente" (no como a la mayoría de ONG). Luego, se encerró el cuarto y de ahí no se movió. 
  Pasaron las horas, cuando la gente empezó a ponerse nerviosa. 
- Sal, chico- dijo Eduvarius, el presidente de la comunidad, una vez fue avisado. Era contable, pero una vez se leyó un libro de psicología, así que se creía un gran estratega emocional-. Nadie dice que vayamos a despedirte, pero no queremos que sigas ahí encerrado...
- ¡Una mierda!- estalló la señora Telecrafh, madre de Nani. La señora Stravinsky le había llamado la primera en cuanto notó que algo no iba bien-. ¡Sal de ahí con mi niño, pervertido sexual!
- Señora Telecrafh...- Eduvarius trató de suavizar los ánimos-. Jeremías, nadie de aquí dice que seas un pervertido sexual...    
- ¡Yo puedo ayudar!- intervino el señor Adolf repentinamente-. Esperad aquí. 
  Y el hombre se fue cojeando a su apartamento. 
- ...mientras tanto, Jeremías, háblame: ¿qué recuerdas de tu infancia?
  Jeremías le ignoró. 
  Minutos después, volvió el señor Adolf con varios cartuchos de dinamita. 
- ¡Placadle!- gritó la señora Stravinsky. 
  Hicieron falta dos vecinos para retener al trastornado anciano. 
- En fin, muchacho- continuó Eduvarius-. No nos dejas alternativa: habrá que llamar a la policía.   

Lo primero que hizo el inspector Gordon Brown fue entablar contacto con Jeremías a través de la plancha de hierro. 
- Bien muchacho, escúchame: ¿el crío está contigo?
- Sí- respondió Jeremías. 
- ¿Vivo?
- .................................sí. 
  El agente intercambió miradas con el presidente de la comunidad y sus hombres. 
- ...me fío- concluyó-. Ahora, óyeme con atención: deja salir al chico y luego hazlo tú con las manos en alto, y te prometo que nadie saldrá herido- dijo, mientras indicaba a sus ayudantes con un gesto de mano que apuntaran bien con sus pistolas. 
- No. Mejor no- respondió Jeremías. 
  Y ya no se dijeron nada más. 
  El inspector fue a hablar con la madre del niño. 
- Señora, tenemos un problema. 
- ¿¡Qué problema va a haber!?- rugió la mujer-. ¡Entre ahí y sáquenle por la fuerza!- Su tono cada vez era más chillón.
- Con gusto lo haría, pero hay rehenes en peligro. La ley no nos lo permite. Tendremos que esperar hasta que se derrumbe emocionalmente lo cual, según mis años de experiencia, no tardará en hacer... 

Pasaron los días, hasta una semana entera, pero el chico no salía. Los agentes estaban sorprendidos por la fuerza de voluntad de Jeremías, a la vez que la paciencia de la madre se agotaba. 
- ¡Hagan algo! ¡Gaseadle o lo que sea!
- Lo siento señora: la ley no nos lo permite- respondía siempre el policía. 
  Y así transcurrieron otras tantas jornadas, hasta que llegaron a los diez días de encierro. Con el tiempo, los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, y todo el recinto se llenó de ávidos periodistas. 
- Aquí Tricia Letricia, informando desde la piscina de Somosaceite. Nuevos datos relevantes sobre el secuestro del joven Nani: al parecer la madre de la criatura pudo tener un lío con el profesor de natación de su hijo. Devolvemos la conexión a tele4+1.
  Con el circo mediático provocado, la noticia llegó a las altas esferas, presionando al comisario Gordon Brown tanto como para hacer lo impensable: pedir permiso a sus superiores para entrar. 
- ¡Asalten ese cuarto de una vez!- chillaba la madre, que ya había llegado a tonos de soprano. 
- Señora, hacemos lo que podemos: sin una orden la ley no nos lo permite.
  Pero los caminos burocráticos son insondablemente retorcidos, y la orden no llegaba (llegaría 20 años después al domicilio de la viuda de Gordon Brown, cuyo marido habría de llevar muerto por un infarto 19 años y 10 meses).
  Finalmente, a la segunda semana de encierro, Jeremías salió. Inmediatamente, dos policías gordos le redujeron sin problemas frente a su nula resistencia. El chico estaba pálido, famélico y raquítico, con una expresión desencajada llena de locura. 
- Ha estado sobreviviendo a base de agua con cloro y niño- explicó un agente una vez analizaron el interior de la sala de la depuradora. 
- ¿Niño?- dudó la señora Telecrafh -. ¡Ay mi Nani!
  La mujer se echó a llorar desconsolada.
- Lo siento mucho...- dijo el señor Eduvarius para consolarla-. ¿Quieres hablar de algo? ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de tu infancia?
  Mientras tanto, Jeremías empezó a reír histérico. 
- Jajajajajajajajajajaj... ¡páguenme! He acabado mi contrato en la piscina... ¡denme mi dinero!
- ¡La ley le ampara!- corrió a corroborar el inspector Gordon Brown. 
- ¡AAAAAGHHHHHH...!- rugió la señora Telecrafh-. ¡SOCORRISTAAAAGH...!
.
.
.
- ¡... socorrista!
  La enervante voz de la señora Telecrafh despertó a Jeremías de su letargo. El muchacho se quitó las gafas de sol perezosamente. 
- Dígame.
- ¿Es que no le da vergüenza?- comenzó la mujer-. Quedándose dormido en público, desocupando sus obligaciones... ¡y encima con eso en la cara!
  A Jeremías le costó un rato serenarse y pararse a repasar concienzudamente las palabras de la madre. Luego, cogió el móvil y usó la pantalla a modo de espejo. Si su memoria no le fallaba por las drogas, nunca antes había tenido un pene dibujado con tinta indeleble en la mejilla. El chico miró instintivamente a Nani. El muchacho le dedicó una desdentada sonrisa, mientras jugueteaba con un rotulador en la mano. 
- Ten claro que daré parte a tu empresa de esto, jovencito- dijo la señora antes de marcharse. 
  Jeremías repasó un instante a Nani con la mirada. 
- Eh, Nani, escucha: ¿quieres que te enseñe algo muy divertido?

FIN

viernes, 23 de agosto de 2013

El Monstruo Robacalcetines

Un selecto grupo de investigación integrado por los mejores especialistas se propone resolver el misterio de porqué en ocasiones nos acostamos con los calcetines puestos y nos despertamos sin ellos. ATENCIÓN: imágenes impactantes, absténganse de su visionado niños, ancianos, pacientes del corazón, embarazadas y amantes de los furbys.

  http://www.youtube.com/watch?v=mtca9N_MZ2E

miércoles, 21 de agosto de 2013

Gag One: Love Is in the Bedroom or it Isn´t

Estaba una pareja de queridos muy acaramelados, desnuditos como Dios les trajo al mundo en la alcoba. Ella reposaba en los fuertes brazos de él, mientras ambos compartían una mirada tan profunda que habría podido socavar cualquier muro que se interpusiera entre los dos. 
- Te quiero mucho- dijo ella. 
- ¿Como la trucha al amante con el que le pone los cuernos al trucho?- rió él.
- Hablo en serio: podrías decirme cosas bonitas tú también de vez en cuando...
- ¿Como el loro de una solterona a su dueña? 
- No se puede hablar contigo. 
- ¿Como con una planta?
- Mira, gilipollas: te dejo. 
- ...¿como yo a mi psicólogo?- lloró el chico.
  Y aquella fue la última vez,
  que los dos se volvieron a ver.    

THE END

lunes, 19 de agosto de 2013

La Caverna del Encuentro


Debido a sus propias decisiones, estaba el chico solo, en una caverna tan lóbrega que nunca habría podido adivinar su profundidad. A sus pies, los pilares de roca en que se sostenía eran sólidos y macizos, pero estaban suspendidos de manera inestable en el aire. Por ello fue, que empezaron a caer. 
  Primeramente, se desplomó aquello que más quería, lo que más había amado. A este pilar central,  inmediatamente le siguieron los demás, que se sustentaban en el primero: familia, esperanzas, deseos... todo se fue precipitando hacia aquella negra oscuridad. Lo último en caer, su propia percepción, le dejó solo, sin nada en lo que mantenerse. Aún así, no descendió. En su lugar, se quedó flotando en un limbo de sombras impenetrable del que no tenía idea alguna de cómo escapar. 
  De repente, una imagen surgió nítida ante sus tristes ojos. Como colgado de hilos invisibles, el mismo chico que era le miraba desde el otro lado de su reflejo, con una sonrisa descarada que él nunca había podido esbozar. 
- Te odio- dijo él viéndose a sí mismo. 
- ¿Sabes qué soy?- El chico no supo dar respuesta a esa pregunta. El reflejo prosiguió- ¿Cómo puedes odiarme sin conocerme?
  El muchacho guardó silencio, pues realmente tenía razón. Veía que lo que había delante de él era su viva imagen, pero de algún modo nunca habría podido describir lo que guardaba esa fachada, al igual que no era capaz de describirse enteramente a sí mismo. 
  Viendo el efecto de sus palabras, el reflejo radicalizó su sonrisa. 
- ¿Sabes qué soy?- repitió, y al no obtener respuesta, prosiguió-. Soy fuego.
  Y al instante, su cuerpo estalló en una bola de calor y desapareció. Entonces, el chico lo comprendió. 
- ¡AHHH!- gritó de manera áspera, desgarradora, desesperada, un grito rabioso y lleno de furia descontrolada. En seguida, su cuerpo también se hizo uno con las flamas.  
  La llama en la que se había convertido, entonces, se precipitó al vacío. Dolía tanto como si le arrancasen la piel, pero a la vez era tan luminosa que los secretos de su cueva fueron desvelados. Tocó el suelo, saltó contra las paredes y las reventó para salir al exterior. Era fuego. Fuego imparable, que destruye a su paso, que arrasa con todos. Fuego que ejecuta finales para grabar su propio camino en la tierra, un camino nuevo que acababa de empezar...  

miércoles, 14 de agosto de 2013

Revolución


Vivían en un plúmbeo acuario, centenares de peces que nadaban a diario. Rojos, verdes, blancos; azules, negros y amarillos, de todos los colores, viajaban entre vorágines de aletas sin ninguna meta y sin aspiraciones. Solamente comían, respiraban, flotaban...
  De vez en cuando, sucedía alguna renovación: cinco peces grandes y carnosos, sin branquias ni aletas y con un casco duro en uno de sus extremos, cogían a uno de ellos y lo sacaban del agua, o metían a otro dentro, o bien cambiaban la dirección del nado de todos. Los “peces gordos” los llamaban. Pero, lo que ninguno de ellos sabía, es que aquellos peces que jugaban con sus vidas en realidad eran los dedos rollizos del hombre que les mantenía, les sacaba del acuario y los reemplazaba por otros del exterior a su gusto. El dueño era un avaro normal, que les tenía sólo porque el agradable burbujeo sobre su cabeza le relajaba cuando se echaba la siesta a la pálida luz de la pecera.
  Un día, un pececito se salió de la fila y empezó a chocar contra el cristal. Nada pasó, hasta que “los peces gordos” le devolvieron a su rutina de un empujón peyorativo. Al tiempo, otro pez chocó contra el vidrio y lo empujó con ahínco. Esta vez, “los peces gordos” le trasladaron del acuario al retrete. De vez en cuando, un nuevo pececillo chocaba, pero siempre era brutalmente aleccionado, y pasaron el tercero, el cuarto y el quinto, hasta un total de diecisiete. Pero, al pez número diecicocho, le siguieron el diecinueve, veinte y veintiuno. Coincidieron todos, y esto llamó a más peces que se estamparon con el vidrio. Golpe tras golpe, escama con escama, como un instinto colectivo libertador, toda la pecera hizo presión en el mismo lado. La fuerza de muchos movió finalmente el acuario, que cayó sobre el cráneo del dueño de todos, rompiéndolo en casi tantos cachos como el cristal, y los peces quedaron libres y desparramados por el suelo.
  Al poco tiempo, todos se ahogaron. 

FIN   

martes, 13 de agosto de 2013

El Chico de Agua



Nacho parece un chico normal, excepto por un detalle... Conseguirá nuestro desdichado protagonista compaginar su vida normal con la responsabilidad propia de sus sobresalientes poderes?
Si te gusta, dale a pulgar arriba en: http://www.youtube.com/watch?v=FoLtnGEnpKw gracias!!

domingo, 11 de agosto de 2013

Agente de la Ira


Hola a todos, mi nombre es RR373. Tengo cabeza, cuerpo, brazos y piernas, ojos, nariz y boca, pero no soy humano. Soy un muñeco... y odio mi vida.
  Las cosas que pasan en mi día a día no me gustan: los niños juegan conmigo sin piedad, me hacen vivir realidades imposibles que sólo me ilusionan, me golpean, me lanzan por los aires, y cuando se cansan y ya han abusado de mí me dejan tirado en cualquier parte; los adultos habitualmente ni se fijan en que existo, así que me suelen pisar o apartarme a otro rincón de un puntapié. No quiero ser más un muñeco, así que he pensado en convertirme en otra cosa. 

Hola de nuevo. He venido al taller de un buen artesano, pero no me preguntéis cómo. Le pido que me cambie, que me vuelva algo con lo que los impúberes no puedan jugar y que los adultos respeten y tomen en serio. 
  “Sé lo que quieres” me dice. Yo espero que sí. 
  El artesano me coge, me moldea con maña. Mi cuerpo está candente, noto como se retuerce, y eso me duele, pero supongo que es parte de la transformación. Ahora introduce una pieza de acero en mi nuevo cuerpo, un acero afilado y oscuro que se clava en mis entrañas. 
  Soy un cuchillo. Espero que todo me vaya mejor. 

Buenas, esta es la última vez que escribo. Me he convertido en un agente de la ira y eso conlleva varias cosas. Ahora, la sangre oxida mi hoja, mi arista se ha desgastado un poco tras mil peleas y mi mango está carcomido por los sudores nerviosos. A veces, me afilan con una piedra esmeril para hacerme más peligroso, y yo lloro chispas de fuego, pero no me importa. Mi vida no es la mejor, pero la gente ya no juega conmigo, los adultos no me pisotean. He pasado de ser un muñeco que divertía, a ser un arma que hiere, un agente de la ira. Agente de la ira... 
  Mi filo está romo, mi carcasa vacía. Soy un agente de la ira, para lo bueno y para lo malo también, mas... ¿mereció la pena?  


viernes, 9 de agosto de 2013

Nada Malo en el Exterior


Hubo una vez una agricultora dicharachera que cultivaba maíz en una luminosa parcela. La mujer se esmeraba mucho, mucho, mimando a sus mazorcas, de las cuales se sentía tan orgullosa... las regaba cada día, les procuraba palabras bondadosas para que crecieran con salud e incluso algunos días se llevaba su viejo violín y les tocaba una canción para animarlas:

- No hay nada malo en el exterior, amores,
ningún dolor, corazones, nada os aturulla.
Brillad con el sol, bailad con la lluvia,
nada malo hay en el exterior, amores.

  El mijo, por su parte, crecía alegre y dulce, feliz como sólo un vegetal puede ser. Todo era bondad en aquel mundo soleado, fresco y alegre.
  Un buen día, radiante y primoroso, la agricultora arrancó una mazorca, se la llevó a la boca y masticó los granos con ansiosa vehemencia. El maíz mascado viajó a la oscuridad del pozo de su aparato digestivo y se diluyó en el ácido de su estómago entre mudos alaridos de dolor. Y así con todas las mazorcas. Sin más.

FIN  

miércoles, 7 de agosto de 2013

Margo, el Genio Cabrón II


Margo era un genio bribón, que se divertía provocando sufrimiento a la gente avariciosa que trataba de usar sus deseos de manera egoísta. Pero también a los generosos que trataban de hacer un mundo mejor. No era clasista. 
  En una ocasión, un treintañero fracasado que no había tenido muchos encuentros cercanos ni lejanos con el sexo opuesto se encontró su lámpara en una gasolinera y la frotó.
- Saludos, mi amo: soy Margo y le concederé un deseo. dijo al salir el dicharachero y sociópata genio.
- ¡Deseo tener contacto en vivo con miles de vaginas!- exclamó el hombre entusiasmado.
  Y Margo le convirtió en ginecólogo de octogenarias. 
- Esto no es lo que yo quería...- lloró el hombre en su desdicha. 
- Bueno...- comenzó el genio-. Esto es harto irregular, pero por una vez puedo hacer una excepción. Formula tu deseo de otra manera. 
- Deseo tener contacto con miles de vaginas en vivo PERO que no tengan la menopausia. 
  Y Margo le convirtió en ginecólogo de niñas. 
- ¡No, no y no!- se quejó el hombre. 
- Prueba otra vez- le dijo Margo. 
- Deseo tener contacto con miles de vaginas de mujeres ni muy jóvenes, ni muy ancianas. 
  Y Margo le convirtió en ginecólogo de cadáveres. 
- Deseo tener contacto con miles de vaginas de mujeres ni muy jóvenes, ni muy ancianas, ¡QUE ESTÉN VIVAS!
  Y Margo le convirtió en ginecólogo de animales.
- ¡Deseo tener contacto con miles de vaginas de mujeres ni muy jóvenes, ni muy ancianas, que estén vivas y que sean de mi misma especie!
  Margo se lo pensó un momento.
- ¿Y por qué diablos iba yo a concederte eso?
  El genio se marchó mágicamente. 
  El hombrecillo pasó el resto de su vida entre animales, niñas, ancianas y cadáveres, hasta que finalmente se volvió loco, se cortó el pene y saltó desde un rascacielos. 
Cierra los ojos e imagina,
lo que es vivir rodeado de vaginas. 

FIN

martes, 6 de agosto de 2013

Te Quiero

-Te quiero...- dijo ella entre susurros trémulos. Él acudió raudo y le besó en los labios. Porque un "te quiero" era algo muy serio, algo precioso pero frágil como una cuchara de cristal, que de mucho usarla se puede romper; como un ángel que si le nombras se va, y él no quería que eso pasara. Tenía miedo, miedo de decirlo, miedo de cambiarlo. Las cosas eran perfectas... ¿por qué arriesgarse a estropearlas?
  Desde entonces, se sucedieron más episodios así. Los "te quieros" de una pronto morían en la boca del otro, que los silenciaba y succionaba como un agujero negro.
  Un día, el chico encontré una nota. La susodicha decía:
"Te quiero...dejar. Nunca me dejas acabar."
  Reí yo entre amargas carcajadas, aquel en el que me convertí. Maldita... Podías haberme impedido que te besara. Me lo había llegado a creer. 

sábado, 3 de agosto de 2013

El Gusano Que Quería Ser Dragón I: El Ángel de Cristal


En una oscura gruta a las afueras de un remoto lugar, vivía un ángel que estaba hecho de cristal. Los habitantes le tenían en alta estima ya que admiraban su majestuosidad y el aura lívida que manaba de él. Pero aquel ángel no era feliz. 
  Desde su posición en lo alto de un acantilado, el querube podía ver cómo los demás seres se divertían y gozaban de los placeres del mundo mientras él, sólo en el pedestal que nunca había querido ocupar, se tenía que conformar viendo como los sueños de los otros se cumplían, se enamoraban, reían y vivían. Aunque quisiera hacerlo, no era capaz de abandonar su posición, pues el camino hacia abajo era vertiginosamente empinado, y tanto sus alas como el resto de su cuerpo estaban hechos de frágil vidrio, inmaculado desde fuera, pero que no le valía ni para moverse con libertad ni mucho menos para volar. 
- Yo es que estoy muerto- a menudo pensaba la desgraciada criatura.
  Los peregrinos visitaban su vacua carcasa de tiempo en tiempo, pero para el ángel no era suficiente, pues no quería seguir estando tan alejado del resto. Cada día que pasaba se sentía más solo y vacío. 
  Un día cualquiera de depresión más, el ángel decidió que no podía aguantar esa situación y, haciendo acoplo de fuerzas, se levantó de su altar dispuesto a bajar por el precipicio y unirse a los demás. En cuanto sus pies tocaron el suelo, sus livianos tobillos se partieron, su cuerpo se precipitó contra la dura piedra y el ángel quedó hecho vidriosos añicos. 
  Entonces, un gusano salió de entre los pedazos. 
- Por fin- pensó el invertebrado. Y se arrastró precipicio abajo.   

Continuará...

jueves, 1 de agosto de 2013

La Fuente Mágica


Iba volando por el cielo un liviano jilguero. Le encantaba moverse por el aire, flotar con libertad y acomodarse en las corrientes de viento para deleitarse con la vista que le llegaba desde más abajo de sus alas. A menudo, curioseaba por los lares que sobrevolaba, y siempre iba piando una alegre melodía que escapaba de sus pulmoncitos como un soplo fresco. 
  Un día, el pajarito vio una fuente de la que manaba un líquido peculiar, como sombrilla de playa acuosa, y bajó al suelo para investigar. Resultó que aquel manantial no era corriente, pues de él no salía agua, sino espeso y dorado caramelo, el cual ascendía hacia el cielo para descender en una lluvia ocre y dulce. El ave retozó en el apacible hontanar cuanto quiso, sin preguntarse quién y porqué había puesto allí algo tan maravilloso. Bebió, comió y se bañó durante mucho tiempo, hasta que perdió la noción. 
  Una vez se hubo hartado, el pájaro trató de irse, pero sus alas estaban empalagosas y pesadas, y el esfuerzo por moverlas era demasiado grande. Miró al cielo: libre y eterno, como a él siempre le había gustado. Pero, por otro lado, alcanzarlo era tan difícil, y aquel edulcorado lugar tan agradable...
  Finalmente, tras pocos intentos, el pajarito desistió, se tumbó en las charcas caramelizadas que el suelo poblaban y de ahí no se movió nunca más. Su cuerpo se volvió plúmbeo, sus alas se atrofiaron y su canto se agravó hasta apagarse para siempre. Eligió vivir entre el dulzor, pero también morir como los cientos de seres que aquel manantial había devorado antes que él para poder seguir fabricando su placentera trampa.  

FIN